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No hay ninguna prueba satisfactoria de la existencia de Dios; lo que hay en abundancia es evidencia.
El filósofo Bertrand Russell decía que no tenía ninguna prueba de su existencia, pero que veía la evidencia por todas partes. De lo que no veía pruebas era de la bondad divina, pero eso podría deberse al antropomorfismo: no nos gusta nada que nos resulte perjudicial, y el universo es un lugar peligroso, que no siempre no es favorable a nosotros.
Si acaso se puede decir algo de la existencia humana es que resultamos insignificantes; a menos que la significación fuera por el grado de conciencia, y que no hubiera en todo el ancho mundo especies más conscientes.
Pero es normal que seamos antropomórficos. ¿Qué otra cosa podemos ser? Ni siquiera podemos imitar a los miles de seres inteligentes que muy posiblemente habiten en otros sistemas solares, y con quienes muy posiblemente estableceremos contacto algún día. Ya van para más de 200 los planetas descubiertos parecidos a la tierra y que deben tener vida porque la vida es posiblemente un fenómeno común en el universo.
Hace pocos años que los individuos de un país se llamaban a si mismo los hombres, o los humanos, porque no creían que hubiera otros. Es muy posible que así va ser con los seres inteligentes, que habrá en el universo más tontos que nosotros, y más inteligentes. Ahora solo estamos hablando de probabilidades, pero en el futuro cercano estaremos hablando de hechos comprobados. Y ¿qué tiene esto que ver con nuestro tema? Habría que esperar para preguntarles a ellos.
La evidencia de Dios está en los fenómenos del espiritismo, como la tabla de Ouija y las curaciones milagrosas: todo incompresible. Para mi la mejor de las evidencias está en la curación de una tuberculosis avanzada en Lourdes, hecha por el eminente médico agnóstico francés Alexis Carrel, enviado al santuario por el gobierno para investigar las curaciones, donde presenció la de una tuberculosis avanzada, que reportó con el seudónimo de Lerrac, porque no le gustaba tener que decirlo.
El espiritismo ha desvirtuado su trabajo en un intento de hallarle significación; le han hallado alguna significación con engaños, pero lo del otro mundo no puede tener ninguna significación para este.
Algo parecido ocurre con las “experiencias cercanas a la muerte”, en las que las personas que las han tenido ven parientes allí con el cuerpo que tenían en la tierra. Lo que se puede deber a la bondad divina, pues para esa transición tan dramática nos continuaría dando la ilusión de estar aquí.