La preocupante situación del Hospital de Turrialba

Editorial

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Pocas obras públicas simbolizan tanto el compromiso social de un país como la infraestructura hospitalaria. 

Un hospital no es un simple edificio; es un refugio de esperanza, un espacio donde las personas más vulnerables encuentran alivio, cuidado y dignidad. 

Por ello, la situación que hoy se vive en el Hospital William Allen Taylor de Turrialba debe preocuparnos y avergonzarnos.

Este moderno centro médico abrió sus puertas en agosto de 2023, tras años de gestión y una inversión millonaria que prometía llevar salud de calidad a una región históricamente necesitada. 

Sin embargo, a menos de dos años de su inauguración, los trabajadores y pacientes ya enfrentan serias fallas en su infraestructura. Desde enero, la Unión Nacional de Empleados de la Caja (Undeca) alertó sobre goteras en techos, grietas en pisos y problemas de humedad vinculados al sistema de aire acondicionado. 

La propia directora del hospital ha confirmado que estos problemas persisten y que se han gestionado con la empresa constructora, pero sin solución definitiva.

“ No podemos permitir que el legado de nuestro sistema de salud, reconocido en el mundo, se vea empañado por negligencia y falta de previsión”.

¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Cómo es posible que un hospital recién construido presente fallas tan elementales? La respuesta está en una visión limitada de lo que significa inversión pública. 

No se trata solo de levantar un edificio, de inaugurar un hospital o un EBAIS y cortar la cinta. La verdadera inversión requiere planificación, fiscalización rigurosa, materiales de calidad y, sobre todo, un plan serio y permanente de mantenimiento.

Si no cambiamos este enfoque, nuestras obras públicas terminarán como muchas de nuestras calles: llenas de huecos, con cunetas obstruidas, espacios verdes convertidos en charrales y, en el peor de los casos, en ruinas que amenazan vidas.

Un hospital no puede darse el lujo de deteriorarse. Los adultos mayores, los niños, los pacientes crónicos de Turrialba necesitan y merecen un centro de salud digno, seguro y funcional. 

No podemos permitir que el legado de nuestro sistema de salud, reconocido en el mundo, se vea empañado por negligencia y falta de previsión.

Hoy, más que nunca, es urgente invertir, sí, pero con inteligencia y responsabilidad. 

La salud pública de Costa Rica debe mantenerse tan fuerte y ejemplar como la soñaron quienes la forjaron. Que no se nos derrumbe la esperanza. Es el momento de actuar.