La pérdida del conocimiento y la cultura

Gloria Bejarano Almada / Exprimera dama de la República

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Durante su visita a Costa Rica, tuvimos el honor de recibir a la escritora Irene Vallejo, en el Museo de los Niños, su visita nos permitió mostrarle la Sala de la Historia de la Escritura, “Scriptum”.  Para la creación de esta exhibición, se investigó por más de tres años y se tomó información de libros y documentos entre ellos, “El Infinito en un Junco” de doña Irene.

En el recorrido pudimos conversar sobre la importancia de la escritura y la necesidad de recordar que el ser humano, a diferencia del resto de los animales, fue el único capaz de desarrollar una comunicación escrita.  Le tomó más de cinco mil años inventar la escritura, gracias a la cual pudo conservar, en los libros, el conocimiento que iba adquiriendo y así avanzar.

Los libros y la escritura son un arma tan poderosa que a lo largo de los siglos hemos visto que la quema de libros, la destrucción de bibliotecas y la censura, siempre están vinculados al fanatismo ideológico o político.  En Egipto, la biblioteca de Alejandría sufrió, a lo largo de los siglos, la destrucción intencional por parte de cristianos intolerantes, musulmanes y romanos de miles de rollos que contenían el saber de distintas culturas, 

El primer emperador de China, Qin Shi Huang, mandó quemar todos los libros que fueran contrarios a su versión de la historia, permaneciendo solo la escuela de Li Si.  Durante la permanencia de los musulmanes en la Península Ibérica, Almazor, el gobernante de la España islámica ordenó quemar la Gran Biblioteca de Córdoba, por no seguir el dogma islámico. Luis IX quemó 10,000 manuscritos hebreos en Paris, mientras los mongoles arrasaron con la Biblioteca de Bagdad.  

Podríamos seguir enumerando bibliotecas como la de Constantinopla, saqueada por los cruzados, la “hoguera de las vanidades” en la Florencia de Lorenzo de Medici, o la destrucción indiscriminada de códices indígenas durante la conquista de América y pensar que estos eran tiempos en los que se imponía la censura para preservar la ortodoxia cristiana, pero la amenaza a la cultura y el conocimiento estará presente en tanto haya quienes pretendan destruir la pluralidad de pensamiento con la quema de textos o borrar la memoria y los saberes que le dan identidad a los pueblos, destruyendo bibliotecas y fomentando el analfabetismo.

Entre 1933 y 1945 Hitler, en su afán de establecer la supremacía aria destruyó los libros de más de 21 universidades por considerar que eran anti-alemanas: los falangistas españoles, además de quemar libros y librerías, editoriales y bibliotecas, asesinaron maestros, editores y bibliotecarios.  Argentina, Chile, Irak, Mali, Paraguay han cimentado dictaduras destruyendo el conocimiento. La intolerancia y el temor al saber, persistirá en el mundo en tanto se quiera silenciar la voz de quien difiere, lee y se informa, de quien cuestiona y propone.

A través de los siglos los libros han estado expuestos a la extinción, pero siempre el hombre ha salido a su rescate y una y otra vez ha confiado en ellos para preservar la cultura, los conocimientos, la ciencia, la historia y los saberes, y así poder informarse, desarrollar su inteligencia, cuestionar, tener criterio propio y no ceder ante la manipulación.

Hoy, sin embargo, un peligro mayor los amenaza: la indiferencia, el olvido, la falta de interés por el conocimiento y la Verdad que es relativizada, hace que los libros estén siendo relegados, olvidados, casi casi proscritos por quienes confían más en la inmediatez de un tictoc, que modifica la historia, la ciencia o el conocimiento de acuerdo con el interés o capacidad de quien lo crea.   La quema de libros hoy no es necesaria, las redes se han encargado que cada vez haya menos jóvenes interesados en leer, menos capacidad intelectual, menos pensamiento crítico y una creciente falta de imaginación y creatividad.  

Tal vez sea más difícil combatir la indiferencia y la falta de interés que la quema de libros, pero al igual que en el pasado debemos revertir esta tendencia y juntos padres y educadores fomentar en niños y jóvenes el interés por la lectura, la escritura y el estudio, estimular la curiosidad y la búsqueda de la Verdad.  Si no actuamos, corremos el riego de condenar a las nuevas generaciones a que les sea arrebatada su cultura, su identidad y su capacidad para disentir y pensar convirtiéndolos en presa fácil de la manipulación de quienes se esconden tras las redes.