La mujer que no se moja

La lubricación es el mecanismo por excelencia creado por la naturaleza para posibilitar y facilitar la penetración. Este líquido acuoso se hace presente desde el momento mismo en que se inicia el encuentro íntimo, y su producción va en aumento a lo largo del acto sexual, al punto de que la mujer termina literalmente empapada con los fluidos vaginales. Así, ante las primeras caricias, la vagina comienza a producir grandes cantidades. A veces es tanta cantidad que sorprende a los mismos amantes.  

Fecha de publicación:

Fecha de modificación:

La lubricación es el mecanismo por excelencia creado por la naturaleza para posibilitar y facilitar la penetración. Este líquido acuoso se hace presente desde el momento mismo en que se inicia el encuentro íntimo, y su producción va en aumento a lo largo del acto sexual, al punto de que la mujer termina literalmente empapada con los fluidos vaginales. Así, ante las primeras caricias, la vagina comienza a producir grandes cantidades. A veces es tanta cantidad que sorprende a los mismos amantes.

Cuantos más estímulos, más caricias, más besos, más abrazos, mayor será la lubricación. Se considera que la lubricación vaginal es la manifestación física representativa de la excitación femenina. Las parejas deben comprender, además, que esta secreción evidencia que la mujer está lista para ser penetrada.

Si la penetración sucede en ausencia de lubricación, resulta dolorosa e incómoda y aleja el goce y el deleite femeninos. Por lo tanto, a la mujer se le va desvaneciendo el gusto por los encuentros íntimos y hasta puede perder el apetito sexual, con las serias repercusiones que esto representa para la relación de pareja.

Ante la carencia de una adecuada lubricación, se tiende a utilizar preparados vaginales llamados lubricantes. A pesar de ser una práctica común, es importante destacar que, cuando una mujer no lubrica, es una señal de que algo anda mal. Por esa razón, los médicos solo los indicamos de manera transitoria, mientras determinamos cuál es el problema e instauramos el tratamiento. Además, insistimos en que los únicos lubricantes que se deben usar son los hidrosolubles, es decir, los solubles en agua, carentes de olor, sabor y color.

En algunas etapas de la vida, es esperable cierto grado de resequedad vaginal, como en la lactancia, algunas veces en el embarazo, y cuando se utilizan ciertos tratamientos. Desde luego, por ser etapas transitorias, rara vez repercuten negativamente en la vida de pareja. En la menopausia también son comunes los problemas de lubricación. Por fortuna, hoy contamos con tratamientos muy efectivos. 

Con frecuencia, los problemas para lubricar son provocados por una estimulación inadecuada, sobre todo cuando el hombre desea penetrar sin que medien las caricias previas. Es necesario el adecuado preámbulo sexual para obtener la lubricación requerida. A veces es ahí donde reside el problema, y una vez que las parejas destinan tiempo para el contacto corporal antes de la penetración, queda resuelto. 

En otras parejas, aun cuando el varón sea meticuloso y detallista con las caricias, la lubricación no se presenta o se presenta en poca cantidad. Esta situación revela una condición que impide la llegada de suficiente sangre a los tejidos vaginales. 

Enfermedades como “la presión alta”, “el azúcar en la sangre”, los problemas del hígado, las alteraciones hormonales y hasta ciertas situaciones vivenciales suelen ser los responsables. Por lo tanto, lo recomendable es realizar una valoración integral que nos permita identificar la causa del problema, para así instaurar el tratamiento. En general se resuelve con facilidad. Entonces, es cuestión de consultar.