La mosca que transforma la basura en abono y alimento

El proyecto busca reducir los residuos que llegan a los rellenos sanitarios y convertirlos en nuevos recursos.

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Cada mes, los gobiernos locales gastan millones de colones en recoger y trasladar toneladas de residuos orgánicos hacia rellenos sanitarios. Frente a este reto, la mosca soldado negra surge como una alternativa para transformar estos desechos en un recurso de valor económico y ambiental.

La iniciativa es impulsada por el Proyecto Transición hacia una Economía Verde Urbana (TEVU), en alianza con la Municipalidad de Santa Bárbara de Heredia, MINAE, SINAC y el Ministerio de Salud.

Foto: Isaac Villalta

La crisis invisible: rellenos sanitarios al límite

Se estima que entre el 50% y el 70% del peso total que recoge un camión recolector corresponde a residuos orgánicos. Debido a que estos desechos están cargados de humedad, su peso eleva sustancialmente la tarifa que cobran las empresas por tonelada trasladada y vertida.

A nivel municipal, el costo financiero es entre ₡60 y 65 millones mensuales únicamente en el traslado y disposición final de los residuos. A esto se suma el agotamiento de la capacidad de los rellenos sanitarios en la Gran Área Metropolitana (GAM) que obliga a trasladar la basura a distancias cada vez mayores, incrementando la huella de carbono y generando gases de efecto invernadero.

“Imaginémonos que estamos enterrando la plata, porque todo ese orgánico que va revuelto en el camión lo vamos y lo enterramos, y eso dura años en descomposición emitiendo dióxido de carbono y lixiviados con un impacto directo a la biodiversidad, las cuencas y las comunidades alrededor de los rellenos”, expresó Kathia Alfaro, bióloga y especialista en gestión de recursos naturales del Proyecto TEVU.

La ciencia detrás de la mosca soldado negra

La investigación desarrollada en el predio municipal de Santa Bárbara puso la mirada en la especie Hermetia illucens, conocida popularmente como la mosca soldado negra.

A diferencia de las moscas domésticas comunes, este insecto es totalmente inofensivo para los seres humanos. En su etapa adulta con alas, carece de mandíbula desarrollada, no busca alimento ni se acerca a la comida humana; su única función biológica es reproducirse, consumiendo únicamente agua durante 2 a 4 días de vida adulta.

Sin embargo, en su fase de larva, la especie posee una voracidad biológica extraordinaria. Bajo condiciones controladas, una larva recién nacida puede multiplicar hasta 300 veces su tamaño en cuestión de dos semanas.

En las pruebas, los residuos orgánicos previamente separados se depositan en bandejas junto a larvas recién nacidas.

Durante un ciclo de apenas 10 días, las larvas consumen la totalidad de la materia orgánica sin producir residuos líquidos contaminantes ni malos olores. Según las cifras, de cada 10 kilos de orgánicos colocados en las bandejas, el 70% del peso se evapora naturalmente en agua y procesos metabólicos del insecto.

El 30% restante se distribuye en partes iguales: 1.5 kilos de biomasa larval rica en proteínas y 1.5 kilos de un biofertilizante natural o abono de alta calidad.

Foto: Isaac Villalta

Plan piloto

Actualmente, el plan piloto se abastece de los residuos orgánicos generados en comedores escolares del cantón de Santa Bárbara, sirviendo a su vez como una herramienta de educación ambiental para la niñez.

La alcaldesa de la Municipalidad de Santa Bárbara, Jacqueline Segura, afirmó que el ayuntamiento se prepara para dar el paso definitivo de la investigación a la gestión pública directa.

“Ahorita estamos haciendo el plan pilotaje con comedores escolares. A partir de diciembre o enero la municipalidad va a asumir la operación; estamos haciendo los ajustes presupuestarios para operar el proyecto e invitar a más municipios a sumarse, porque nadie quiere un botadero en su comunidad”, mencionó Segura.

De hecho, la propuesta ya fue presentada a autoridades de otros cantones como Santa Cruz y Puntarenas, con el propósito de que adopten la tecnología y reduzcan los kilómetros de transporte de sus desechos.

Economía circular y empleos verdes

Los subproductos obtenidos abren posibilidades productivas para las comunidades. La biomasa de las larvas recolectadas puede secarse para su empaque o suministrarse viva como alimento nutritivo para gallinas, aves de corral, cerdos y en la acuicultura para peses. Por su parte, el biofertilizante resultante se integra directamente para nutrir suelos agrícolas y cultivos de huertas.

Adicionalmente, el modelo impulsa la equidad social mediante la creación de “empleos verdes”. La operación de las plantas descentralizadas requiere de personal técnico y operarios capacitados en biotecnología aplicada, abriendo oportunidades laborales.

Tendencia global

La biotecnología basada en la mosca soldado-negra no es una improvisación local, sino una tendencia consolidada en el mundo. En Europa cuentan con instalaciones automatizadas de escala industrial que procesan miles de toneladas de descartes agroalimentarios para producir harinas proteicas.

“Queremos poner en manos de las municipalidades una alternativa de solución a un problema cada vez más complejo. Con una medida de bajo costo e impacto ambiental, que genera dos subproductos con potencial de reutilización e incluso comercialización, las municipalidades pueden resolver de manera eficiente el manejo de sus residuos”, indicó Miriam Miranda, coordinadora general del Proyecto TEVU.

Foto: Isaac Villalta