
Desprotección a los artistas nacionales en medio de la crisis, desorden con las plazas, escándalos con licitaciones, mal manejo de fondos, presuntos actos de corrupción, inacción al recorte presupuestario en su ministerio y hasta conflictos con el Mercado de Limón tienen en medio de un fuego cruzado a Sylvie Durán, ministra de Cultura y Juventud.
Desde que inició su mandato en la cartera en 2015, vive envuelta en medio de denuncias que no paran de salir a la luz pública, especialmente en el último año cuando varios gremios se le fueron encima criticando sus labores y a la fecha siguen esperando su salida del Poder Ejecutivo.
Hay realidades que no se pueden esconder y las malas decisiones tomadas desde la oficina de la jerarca dan fe de lo que muchos señalan en su contra, por lo cual la lluvia de críticas justificada o no es porque ya tiene hartos a muchos sectores que dependen de lo que ella pueda mover.
Su figura como jerarca está desgastada, su credibilidad para el puesto ya no es suficiente para sostenerse y además sus reacciones ante todas estas anomalías, que no han sido las mejores, la colocan en una peor situación frente a personas que conocen del teje y maneje de esa silla, y exigen respuestas certeras al mar de dudas que surgen a diario por las noticias que giran en torno a un ministerio tan importante como el cual dirige.
Durán es quizás la más cuestionada en los últimos 18 meses en el Poder Ejecutivo, sin embargo un grupo ha buscado la forma de invisibilizar la montaña de denuncias que brotan por todo lado.
El sector cultura necesita una líder que escuche, proponga y defienda los intereses de quienes se desenvuelven en ese maravilloso mundo, no alguien que dé la espalda sin importar las necesidades que vivan o simplemente no haga nada para que se dote de los recursos necesarios a grupos que hacen incursiones importantes con el propósito de hacer crecer este campo.
Los artistas nacionales son valiosos y para que puedan destacar se debe cobijar con apoyo sus actividades, pero desde hace 5 años no han tenido más que respuestas negativas y pocas vías para poder ofrecer su talento, así como para comunicar sus malestares.
Desde una oficina sin recortes significativos a sus lujos no se puede procurar mejorar un gremio que hace varios años pide al menos una mirada de compasión para no morir o al menor para seguir intentando hacer de sus dotes naturales un canal de ingresos que además fomenta entretenimiento y le da mucho valor a la educación de la ciudadanía.
Su gestión está tan embarrialada que incluso cuenta con una denuncia penal que está en investigación en el Ministerio Público por incumplimiento de deberes, en razón de la omisión de avisar sobre los daños graves causados al Mercado de Limón, inmueble que tiene carácter patrimonial, y pese a tener conocimiento de causa de lo que estaba sucediendo ni se inmutó.
Es momento de que el presidente Alvarado tome una decisión, que ponga en orden ese sector al que su gobierno tiene abandonado, que recuerde lo que significa para el país y se ponga a revisar currículos para elegir a alguien a quien no le importe enrollarse las mangas, busque soluciones y se ponga a trabajar de inmediato en favor de cientos de personas que no tienen luz desde hace años.
La crisis de este 2020 no es más que el punto final para que esto se acabe, las cosas en esa cartera eran terribles y lo que sucede en la actualidad no hizo más que dejar en evidencia las falencias ya conocidas.
Exdiputados, actores y actrices, artistas, educadores, cineastas, productores, compositores, bailarines, administradores, historiadores, dueños de teatros, entre otros se suman al descontento que existe por la gestión de Durán, mediante cartas al mandatario y exigen su salida.
¿Qué más necesita Carlos Alvarado para entender lo que debe hacer?