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Dra. Ana Morales Blanco
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En la práctica terapéutica de pareja, la mentira aparece con frecuencia como uno de los principales factores de desgaste emocional y ruptura de la confianza. Aunque se tiende a considerar como una conducta moralmente negativa, desde una mirada psicológica conviene comprenderla también como un recurso defensivo que cumple una función dentro de la dinámica vincular.
1. El miedo a la pérdida como base emocional: Quien teme ser dejado o juzgado puede desarrollar estrategias de control y ocultamiento para preservar el vínculo. Paradójicamente, esa misma estrategia erosiona la confianza que intenta conservar.
En la terapia, es habitual identificar cómo la mentira emerge en personas que aprendieron que decir la verdad trae consecuencias dolorosas —por ejemplo, rechazo, crítica o castigo—. Así, se internaliza la idea de que mentir es más seguro que ser auténtico.
2. Déficits en la comunicación emocional: En parejas con estilos comunicativos rígidos o con bajo nivel de tolerancia a la frustración, la sinceridad se vuelve difícil. Si expresar la verdad conlleva explosiones, juicios o cierre emocional del otro, la persona optará por el silencio o la distorsión como medio de supervivencia vincular.
La terapia de pareja busca, entonces, reconstruir la confianza comunicativa: enseñar a escuchar sin invalidar, y a expresar sin agredir. Cuando ambos miembros se sienten seguros para decir lo que sienten y piensan, la mentira pierde su función.
3. La verdad como tarea terapéutica: Decir la verdad dentro de una relación de pareja no es solo un acto moral, sino un ejercicio psicológico de madurez. Implica tolerar la vulnerabilidad, sostener el conflicto y confiar en que el vínculo puede resistirlo. Desde la clínica, promover la honestidad emocional no significa promover la crudeza, sino favorecer un espacio donde lo verdadero y lo humano puedan coexistir.
La mentira en la pareja no siempre nace de la malicia, sino del miedo. Entenderla como un síntoma relacional permite abordarla con mayor empatía y profundidad. La intervención terapéutica debe enfocarse en restaurar la seguridad emocional.