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Dr. Tomás de Camino Beck
Director Sistemas Inteligentes Universidad CENFOTEC
Creo que a todos nos sorprendió (o tal vez no) esta semana cuando el Ministerio de Hacienda de Costa Rica incluyó servicios de inteligencia artificial como ChatGPT, Claude a la lista de plataformas digitales que deben pagar 13 % de IVA. No es un impuesto nuevo en sí, sino que pertenece al régimen que existe desde 2020, y que ya estamos pagando cuando usamos Netflix, HBO, Disney y Uber.
Lo nuevo, y es lo que yo cuestiono, es que herramientas de inteligencia artificial hayan entrado prácticamente en la misma categoría tributaria que se aplica a servicios de entretenimiento, claramente las plataformas IA no son entretenimiento, son sistemas que asisten a la productividad.
Una suscripción a Netflix, por ejemplo, sirve solamente para consumir contenido, no tiene impacto alguno en la economía costarricenses, pero una suscripción a una plataforma de IA puede servir para programar, investigar, analizar datos, aprender, diseñar, automatizar procesos o aumentar la productividad de una pequeña empresa, gran empresa, estudiantes, profesores, artistas, y bueno en realidad cosa y todo tipo de actividad humana.
Dicho de otro modo, estamos en medio de una transformación global de proporciones mayores con la IA, y lo primero que hacemos es poner un impuesto, sin ningún tipo de plan país, como país, debemos ser más audaces. Está bien que paguen impuestos, pues están operando en el país y deben acomodarse a la legislación tributaria del país, como cualquier empresa nacional, pero podría aplicarse de manera diferente. Acá les propongo algunas ideas.
1. Se podría cobrar el impuesto, pero dedicar lo recaudado a un programa de IA para todos. El objetivo sería acelerar el acceso a estas tecnologías y al mismo tiempo, desarrollar nuestros propios modelos e infraestructura de IA, incluyendo modelos que puedan ejecutarse localmente. Corea del Sur está avanzando precisamente en esta dirección. Su estrategia combina acceso amplio con inversión pública en modelos soberanos, datos, talento y capacidad de cómputo.
2. Cobrar a los servicios de IA una tasa similar a la que pagan instituciones educativas, que es menor. La diferencia tendría sentido porque estamos hablando de herramientas que pueden utilizarse para educación, investigación, innovación y productividad. Lo recaudado podría dirigirse a construir soberanía en IA, entendida como capacidad del país para utilizar, adaptar y eventualmente desarrollar tecnología sin depender completamente de proveedores externos.
3. No cobrar el impuesto, pero negociar directamente con los proveedores planes de acceso para una mayor cantidad de personas. Esto podría incluir acceso para estudiantes, docentes, universidades, instituciones públicas y pequeñas empresas, así como la implementación de estas tecnologías en la educación pública y el estado. El gobierno ya se reunió con Google, y podría hacer lo mismo con otros proveedores y negociar acceso como parte de una estrategia nacional de apropiación de IA.
4. Crear un reto país para desarrollar una plataforma tica de IA. En lugar de decidir de antemano quién debe construirla, se podrían crear incentivos para grupos académicos, empresas, universidades y equipos independientes que propongan alternativas. Corea utilizó una estrategia parecida al seleccionar varios equipos nacionales para competir en el desarrollo de modelos fundacionales propios, apoyándolos con GPUs, datos y talento.
5. Con lo recaudado, crear un grupo de desarrollo multiactor. Universidades públicas y privadas, empresas, Estado y comunidades tecnológicas podrían trabajar en apropiación y adaptación de tecnologías de IA para las necesidades del país. No necesariamente tenemos que desarrollar todo desde cero. Podemos tomar modelos abiertos, adaptarlos, especializarlos y construir servicios sobre ellos. Los Emiratos Árabes Unidos han seguido parte de esta lógica mediante inversión pública y académica en modelos propios y abiertos, como la familia Falcon y otros proyectos nacionales.
6. Utilizar parte de lo recaudado para establecer centros de datos propios. Centros más limpios, eficientes y armoniosos con las comunidades donde se instalen, pero además infraestructura sobre la cual el país tenga control. Corea está construyendo un National AI Computing Center y reservando capacidad pública de GPUs para modelos soberanos. Para Costa Rica esto podría vincularse además con nuestra matriz eléctrica y convertirse en infraestructura pública para universidades, empresas, instituciones y proyectos nacionales de IA.
La discusión entonces no debería reducirse a si cobramos o no un 13 % a ChatGPT, más bien La pregunta es qué queremos lograr con ese 13 %. Si la IA va a ser una tecnología fundamental para la productividad, la educación y el desarrollo del país, cualquier política alrededor de ella debería buscar acelerar su apropiación, no simplemente tratarla como otro servicio digital de consumo.