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Hoy, cuando el mundo celebra el Día Internacional de la Juventud, quiero decir algo que en el papel suena a frase, pero que para mí se ha vuelto una convicción de trabajo diario: la juventud costarricense no es el futuro. Es el presente. Es la Costa Rica que ya se está transformando, la que no espera permiso para aportar, la que empuja mientras algunos todavía la imaginan como una etapa preparatoria para «cuando les toque».
Les toca ahora. Y lo están demostrando.
En estos meses hemos pasado de 60 comités de la persona joven —el techo tradicional de siempre— a 89 comités trabajando de forma articulada a lo largo del país. No es un número para presumir en una lámina. Es 89 lugares de todo Costa Rica donde muchachas y muchachos se sientan a impactar sobre lo que les importa, organizados alrededor de cinco prioridades que ellos mismos pusieron sobre la mesa: salud mental, promoción de la paz, Brete —nuestro proyecto para desarrollar competencias laborales—, ciberseguridad e inteligencia artificial, y emprendimiento juvenil. Romper ese cielo de los 60 no fue casualidad. Fue el reflejo de unas ganas enormes de aportar al desarrollo del país, de dejar de ser tema de conversación para convertirse en protagonistas de la conversación.
Detrás de cada prioridad hay un rostro. Y no hace falta imaginarlos: este año el Premio Nacional de Juventudes nos los puso enfrente. La Fundación Daniel, ganadora del premio por organización social, demuestra desde la salud cómo la juventud organizada transforma la vida de su comunidad, trabajando para que jóvenes con situaciones de salud puedan tener un espacio acorde para ser atendidos con la CCSS. La ganadora de este año en la categoría persona es Ivonne Quesada, una joven escritora, que es prueba viva de que el liderazgo también se ejerce desde la palabra: que una mujer joven, a través de la literatura, puede inspirar, abrir camino y recordarnos que la cultura y el liderazgo son la misma cosa cuando hay convicción de por medio. Dos rostros, dos caminos distintos —la salud y las letras—, una misma certeza: la juventud costarricense ya está liderando.
Y por primera vez en mucho tiempo, no estamos trabajando a ciegas. La Encuesta Nacional de Juventudes nos devolvió algo invaluable: datos. Datos que confirman nuestro rumbo, que nos permiten ejercer la rectoría con propiedad y, sobre todo, poner a las instituciones a responder a necesidades reales y no a suposiciones. Gobernar para la juventud sin escucharla es gobernar de espaldas a ella. Nosotros decidimos hacer lo contrario: preguntar, escuchar y responder.
Porque de eso se trata el compromiso de este gobierno. No de celebrar un día y seguir de largo, sino de seguir trabajando codo a codo con las juventudes y, sobre todo, de dar respuestas concretas a lo que nos plantean. Necesita instituciones que le funcionen, oportunidades que se abran y adultos que confíen de verdad.
He tenido el privilegio de acompañar de cerca este proceso, y les confieso lo que me llevo: una certeza. La juventud costarricense es ejemplo para el mundo. No porque sea perfecta, sino porque decidió no esperar. Porque entendió, antes que muchos, que el país no se construye en un futuro abstracto, sino en cada decisión del presente.
Hoy es su día. Pero que quede claro: no vinieron a esperar su turno. Ya lo tomaron. Cada comité que se organiza, cada joven que escribe, que sana, que emprende, que cuida a su comunidad, está escribiendo hoy —con pulso firme— el país que muchos apenas se atreven a soñar.
A ustedes, muchachas y muchachos de Costa Rica: gracias por no esperar. El presente les pertenece, y en sus manos, este país no tiene techo.
