La heterosexualidad no es natural y la homosexualidad tampoco

El término heterosexual se puede historizar, de hecho, como categoría regulatoria, normativa y universal que describe la sexualidad “natural”, “normal” y “no desviada”, es un invento bastante reciente: con menos de dos siglos. La invención de la heterosexualidad es el nombre de un libro publicado por la Universidad de Chicago -de las 10 mejores universidades del mundo según todos los rankings internacionales- en 1995, autoría del profesor de Yale, Jonathan Ned Katz. Los términos homosexualidad y heterosexualidad fueron acuñados en 1868 por el periodista austro-húngaro Karl-Maria Kertbeny, surgen en una época histórica reciente, y no comienza a tener el significado y carácter de clasificación médico-legal de las personas -en términos de normalidad-anormalidad; naturalidad-antinaturalidad; legalidad-delito- que conserva internacionalmente en lo institucional a 1991 hasta que Richard Von Krafft- Ebbing retoma el término para una edición del reconocido manual Psycopathia Sexualis en 1887. Aún en 1923, como demuestra la segunda edición internacional del diccionario Webster -que se sigue publicando hasta hoy-, heterosexualidad era un término médico usado para describir una perversión sexual “pasión sexual mórbida hacia persona del sexo opuesto”.  

El término heterosexual se puede historizar, de hecho, como categoría regulatoria, normativa y universal que describe la sexualidad “natural”, “normal” y “no desviada”, es un invento bastante reciente: con menos de dos siglos. La invención de la heterosexualidad es el nombre de un libro publicado por la Universidad de Chicago -de las 10 mejores universidades del mundo según todos los rankings internacionales- en 1995, autoría del profesor de Yale, Jonathan Ned Katz.

Los términos homosexualidad y heterosexualidad fueron acuñados en 1868 por el periodista austro-húngaro Karl-Maria Kertbeny, surgen en una época histórica reciente, y no comienza a tener el significado y carácter de clasificación médico-legal de las personas -en términos de normalidad-anormalidad; naturalidad-antinaturalidad; legalidad-delito- que conserva internacionalmente en lo institucional a 1991 hasta que Richard Von Krafft- Ebbing retoma el término para una edición del reconocido manual Psycopathia Sexualis en 1887. Aún en 1923, como demuestra la segunda edición internacional del diccionario Webster -que se sigue publicando hasta hoy-, heterosexualidad era un término médico usado para describir una perversión sexual “pasión sexual mórbida hacia persona del sexo opuesto”.

Cuando el diputado “cristiano” Fabricio Alvarado se consume en la paranoia inducida por el pánico moral-sexual del que se alimenta y lucra su plataforma, y vocifera que el Frente Amplio “está tratando de homosexualizar la sociedad” y que “presentar la heterosexualidad como un concepto o invención es algo descabellado”, no solo demuestra el privilegio de su ignorancia, sino que precisamente hace aún más visible cómo en su práctica legislativa y sentido común, lo heterosexual es lo “natural, normal y bueno” y toda otra variante de expresión de la sexualidad pasa a ser “no natural, anormal y no buena” por ende a constituir pecado-delito. Lo que le lleva, ya no solo en un púlpito, sino en una curul de servicio público, a obstaculizar y vedar derechos que se derivan de ciudadanía y humanidad misma, a quienes son vistos como amenazante basura social contaminadora, que debe ser purgada y limpiada.

 

EL PRIVILEGIO DE IGNORAR. ¿ERES HETEROSEXUAL? NO, SOY NORMAL

 

La idea descabellada para el diputado Alvarado de que la heterosexualidad es un concepto historizable, la creencia de que la heterosexualidad es inmanente, no es exclusiva de él, forma parte de nuestra cultura y se encuentra institucionalizada en nuestra psiquis y aún hoy en los dispositivos jurídicos-políticos, por eso otras variantes de la sexualidad humana incluso constituyeron delito y otras tantas siguen siendo hoy patologizadas y usadas como excusa para borrar y asesinar seres humanos convertidos en basura social. En la génesis del concepto, una de las acepciones, a las que busco equipararse la heterosexualidad fue a la expresión “normosexual” (normalsexuell, en alemán). Es precisamente esa acepción la que arguye el diputado Alvarado, y la que, como se ve en decenas de videos en YouTube, pasó a alojarse al interior y en el sentido común de la gente, al abordar transeúntes en la calle, y preguntar ¿es usted heterosexual? Sigue la expresión de incredulidad y un automático: “No. Yo soy normal”.

La heterosexualidad anteriormente descrita, no es ya una variante más de la sexualidad humana, no se piensa a sí misma como una posibilidad específica y menos se cuestiona como sexualidad particular, sino que se visualiza como lo natural, lo normal y hegemónico, se torna cualidad definitoria de humanidad misma, principio ordenador, jerarquizador y normativo de todas las relaciones humanas. Nos enfrentamos a lo que Eve Kosofsky Sedgwick llama “The Privilege of unknowing” (el privilegio de no saberse), es decir, el privilegio no de ignorar, sino de hacer como si no tuviera que saber nada. Esta es una estrategia de la heterosexualidad no como orientación o variante sexual, sino como régimen biopolítico, porque cuando el homosexual dice que lo es, el heterosexual se ve obligado a pensarse él mismo como heterosexual, mientras que antes no tenía que plantearse cuestión alguna sobre su identidad ni sobre el orden social que le ha instituido, sobre las contradicciones, desigualdades, precariedades y muertes de esos otros cuerpos que sostienen su mundo y sus privilegios.

 

LOS TRUMPTICOS Y LA HOMOFOBIA

 

Precisamente la práctica institucionalizada de la autonombrada derecha cristiana, trumpticos, en la Asamblea Legislativa, cabe dentro de lo que Roger Lancaster en su libro “Sex Panic and the Punitive State” (2011), llama movimientos políticos del pánico moral-sexual, liderado por “emprendedores morales”, que convencen a otros de que el aislamiento o borramiento de la persona o grupo elegido como chivos expiatorios (del pánico) resolverá la amenaza, y restaura el orden, la paz y vida buena perdida. 

Librar o contener a la sociedad de esa enferma amenaza moral-sexual es su misión, y para ello, recurren a la normalidad y naturalidad, de tal forma, que toda aquella forma de vida, que se salga de lo que define lo humano, debe ser violentada, se le deben minar sus capacidades y potencialidades, no puede ser feliz, ni aceptada y mucho menos gozar de status o derechos, para hacerlo, deberá alinearse y curarse. Pensar, analizar y cuestionar la heterosexualidad, homosexualidad, el sexo mismo o cualquier otra variante que se configure como medida de lo humano, pasa por desestabilizar lo que creemos natural, normal y sus opuestos, de forma tal que abriendo la categoría de lo humano, manteniéndola inestable; cuanto más difusos sean los límites, se crearán alternativas políticas que generen una ética que no necesite de mecanismos que fijen a ciertos cuerpos como basura social.

 

*Secretario de Derechos Humanos 

de Juventud Frente Amplio