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La ilusión de muchas personas por querer aparentar lo que no son, los lleva a meterse en el ilegal y peligroso negocio del narcotráfico, en que los capos pagan mal y al final sólo hay dos caminos, la cárcel o la muerte.
Una vez que entran a lo que los oficiales antinarcóticos consideran “la gran estafa”, los capos se encargan de desgraciarles la vida a los más ambiciosos, que no podrán salir de los clanes que mueven a diario toneladas de droga por todo el mundo. Un jefe policial, cuya identidad no revelaremos por razones de seguridad, aseguró a DIARIO EXTRA que este tipo de gente todo lo debe, hasta el alma.
“Los que ganan son los jefes y en ocasiones ni ellos reciben pago debido a que la mercancía se cayó, donde corren el riesgo de que sean asesinados si no responden por la carga.
Trabajan más de 12 horas por día, no tienen seguros de vida, ni de la Caja Costarricenses del Seguro y pasan escondiéndose de sus rivales para que no los maten”, reveló.
El agente agrega que el narcotráfico es una mentira, lo deben todo y tienen que robar para vivir de apariencias que no les duran nada y donde la familia y personas inocentes resultan afectados por la guerra que disputa alguno de sus allegados. Para las autoridades, el mayor problema que afecta nuestro país es la demanda de cocaína en suelo estadounidense, pues genera un constante trasiego que está lejos de mermar, además de que los asesinatos por la lucha de sectores no se detendrán.
Los sicarios ganan una miseria, hasta regatean con sus “jefes” el precio por la cabeza de sus rivales, además el botín tienen que dividirlo entre varios luego de concretar el encargo, de manera que al final quedan estafados y prófugos por asesinato.
Recientemente, la policía incautó mil kilos de cocaína que flotaban a 90 kilómetros de la costa en el Pacífico sur costarricense, los paquetes estaban amarrados entre sí a la espera de que llegaran a recogerlos.
Por este decomiso las autoridades no descartan que se desate una serie de homicidios en la Zona Sur por la pérdida de millones de dólares, pues ahora los responsables del acarreo deben reponer a los dueños de la carga.