La gradería de sol

La gradería de sol es implacable. Las voces anónimas que surgen entre la multitud y gritan lo primero que se les pasa por la cabeza. Ese bestial desahogo para aquel individuo del que nunca sabremos su nombre ensucia personas, instituciones y países enteros. El grito les sale del alma, alimentado por el prejuicio, el análisis […]

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La gradería de sol es implacable. Las voces anónimas que surgen entre la multitud y gritan lo primero que se les pasa por la cabeza. Ese bestial desahogo para aquel individuo del que nunca sabremos su nombre ensucia personas, instituciones y países enteros.

El grito les sale del alma, alimentado por el prejuicio, el análisis fácil, la sensación de que puede hacerlo sin consecuencias, y cae sobre aquellos que hacen el esfuerzo por hacer su trabajo.

No se ponen en ese lugar, ni piensan lo difícil que puede ser para muchos levantar la frente, jugársela en un espacio vulnerable, vestir diferente o hacer un gol. Ahí, en su pequeña cabecita, lo que aquel hizo o no hizo merece desprecio, desvalorización, burla y miedo. Que se vaya. ¿Quién lo tiene? Estaremos mejor si se hace a un lado. Y el horrible alarido de aquel individuo escondido en la multitud vence, hiere de muerte, acaba con sueños y sonrisas y todo aquello para lo cual se vive. ¿Respeto? No. ¿Para qué se mete si no aguanta?

El egoísta e improvisado bravucón entre la multitud se sale con la suya y acaba con otro más. Sí. 

Que se vaya a defender a su madre y su esposa y sus hijos a otro lado. Y todos hemos dejado que un hombre que nos dio alegrías, que nos hizo gritar vivas a nuestro país en medio de un bar, que ha hecho su carrera frente a nuestros ojos un día sí y otro también, se sienta amenazado y se retire del campo de batalla sin honor y sin gloria y que venga el próximo.

Mientras esa voz anónima engordaba y dejaba las cosas a medio hacer y sonreía con su pequeña dosis de poder y se escondía entre miles de personas y de quien no sabemos si tiene disciplina, si se levanta más temprano que los demás para estar preparado, si estudia sus movimientos, si sonríe con autocompasión cuando falla, sale victorioso, con el pecho erguido y su mueca de ¿oíste lo que grité? ¡Tan vivo yo! 

Esto fue hace unos días con un conocido atleta, pero pasa con más frecuencia de lo que imaginamos. Son los gritos de “feminazi”, de “playito”, de “inútil”, de “vos no sos nada”, de “calladita más bonita”, de “a nadie le importa lo que te pasa”, de “para qué se vino a este país”, de “con vos no salgo si vas vestido así”, de “no se lo digás a nadie o vas a ver”, de “estás muy viejo para eso”, de “pero si yo no hice nada”. Y ahí van las voces anónimas disparando tiros certeros y acabando con esfuerzos y sacrificios y estudios y talentos.

La voz anónima en la casa, en la calle, en el estadio, en la clase, en las redes sociales arrasa con quien es diferente, con quien es brillante en algo, con quien trató de pasar desapercibido mientras hacía un gran sacrificio. La voz anónima silencia, desanima, se jacta, aplasta. 

Momento. La historia nos tiene frente a un momento en que debemos preparar una estrategia para callar esas voces de odio. Lo vemos todos los días y parece que no nos damos cuenta. Es la periodista pateando refugiados en un país del este europeo, los venecianos observando tranquilamente mientras se ahoga un extranjero frente a sus románticas góndolas, el policía que dispara su arma contra un ciudadano antes de preguntar, la compradora en un almacén que grita impune que alguien regrese a su país.

Ni siquiera nos damos cuenta que cuando una autoridad de un país llama a los mexicanos mal hombres e indeseables se lo está diciendo a usted. Es solo que cree que todo el que vive al sur de su oficina es mexicano. 

La voz de quien grazna desde su escondite es un arma filosa que aniquila. 

Esta vez fue un futbolista. Pero tenga por seguro que lo está observando. Si usted se sale una milésima de la media que este desagradable personaje conoce, escuchará de fijo su chillona voz contra usted. Es así de simple. 

 

*Profesor y director de teatro.