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Inmediatamente después de notificada la infame resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra Costa Rica, el gobierno convocó el proyecto de ley para aprobar el aborto en nuestro país.
El fallecido Dr. Gerardo Trejos, quien en vida fue el abogado que inició la demanda contra Costa Rica, dijo muchas veces que después de la fertilización in vitro seguiría luchando para lograr la aprobación del aborto.
¿Qué une a los que promueven la fertilización in vitro con los que promueven el aborto? Sencillo: Ambos grupos creen que los niños no nacidos -llámeseles embriones o fetos- son seres humanos pero de categoría inferior (sin derechos).
Esto no es nuevo. Tristemente muchas veces en la historia de la humanidad a algunos seres humanos se les ha considerado objetos que se pueden poseer o desechar.
Veamos por ejemplo, la famosa sentencia sobre la esclavitud, que se refiere al caso Dred Scott contra Sandford, resuelta por la Corte Suprema de los Estados Unidos en 1857, en la que se decidió privar a todo habitante afrodescendiente del derecho a la ciudadanía y se le quitó al Congreso la autoridad de prohibir la esclavitud en territorios federales del país. La decisión fue redactada por el juez presidente Roger B. Taney.
En esa sentencia se dijo:
“Aun cuando posea un corazón y un cerebro, y biológicamente se le considere humano, un esclavo no es una ‘persona’ ante la ley y por tanto no tiene derechos”.
Modernamente quienes promueven el aborto afirman algo parecido: que aun cuando, tanto el embrión como el feto biológicamente son humanos, ante la ley no son “persona” y por tanto no tienen derechos.
Se afirmaba en 1857 que un hombre de raza negra solo recibe su personalidad jurídica al ser libertado; por ello no debemos preocuparnos por él, pues no tiene derechos: no es libre.
Así los actuales esclavistas, que promueven la matanza de niños antes de nacer, afirman: un niño solo adquiere su personalidad jurídica al nacer; antes no debemos preocuparnos por él, pues no tiene derechos: no ha nacido.
Los propietarios de esclavos afirmaban: Si usted considera que la esclavitud es mala, nadie le obliga a tener un esclavo, pero no imponga su moralidad a los demás.
En una forma escalofriantemente parecida, quienes promueven el supuesto “derecho a decidir” afirman: Si usted considera que el aborto es malo, nadie le obliga a hacerlo, pero no imponga su moralidad a los demás y permita que otros decidan si quieren abortar o no.
Es un argumento absurdo, pues todo el derecho penal es un asunto de moralidad: donde se castiga lo que moralmente se considera incorrecto. También podrían argumentar los ladrones o los homicidas lo mismo: ¡No me imponga su moral!
Los esclavistas del pasado afirmaban: Un hombre tiene el derecho de hacer lo que desee con su propiedad. Los esclavistas modernos afirman: Una mujer tiene el derecho de hacer lo que desee con su propio cuerpo.
Algunas personas libres en 1857 decían: ¿No es, acaso, más humanitaria la esclavitud? Después de todo ¿no tiene el negro el derecho a ser protegido? ¿No acaso mejor ser esclavo que ser arrojado sin preparación o experiencia a un mundo cruel?
En la actualidad algunas personas que ya han nacido dicen: ¿No es, acaso, más humanitario el aborto? Después de todo, ¿no tienen todos los niños el derecho de ser “deseados” y amados? ¿No es acaso mejor que jamás llegue a nacer un niño que va a sufrir, antes que tenga que enfrentarse solo y sin amor a un mundo cruel?
Esclavitud y aborto: El parecido resulta realmente perturbador. Debemos preguntarnos: ¿permiten los derechos humanos seres humanos de distinta categoría? ¿No es cierto que todo ser humano tiene derecho a igual dignidad e iguales derechos? Así como la esclavitud es la negación de los derechos humanos del esclavo, el aborto es la negación de los derechos humanos de los niños concebidos. Esclavitud y aborto: ambos deben estar prohibidos por ley.