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Para Vladimir Garro, correr representa mucho más que una competencia. Es una forma de demostrar que una discapacidad visual no define hasta dónde puede llegar una persona. A su lado, literalmente, está Sebastián Obando, su guía y compañero de carrera, con quien ha construido una dupla que ya sabe lo que significa subir a lo más alto del podio.
Juntos han conseguido importantes resultados, entre ellos la medalla de oro en los Juegos Paracentroamericanos de Guatemala, pero detrás de cada triunfo existe una historia de confianza, esfuerzo y una conexión que va mucho más allá de una pista de atletismo.
Vladimir reconoce que el camino no ha sido sencillo. “Para ser una persona con cero visibilidad es algo muy duro, pero es muy gratificante saber que estás haciendo algo que te está llevando a muchos logros y no estás sentado o postrado en una cama diciendo ‘el pobrecito yo’”, explicó.
Para él, no poder ver nunca ha significado no poder hacer. “Que no vea no quiere decir que no tenga manos, brazos, piernas. Con el resto, gracias a Dios, hay muchas ayudas”, afirmó.
Y una de esas ayudas llegó en forma de compañero. Sebastián asumió el papel de guía, pero con el paso del tiempo entendió que su función no consiste simplemente en llevar a Vladimir por la pista.
“Una persona tiene que tomar el liderazgo, en este caso soy yo, pero conforme va pasando el tiempo uno le traslada toda esa confianza a la persona.
Es sobre todo para que él aprenda que no me necesita a mí para poder correr, sino que yo únicamente estoy ahí para evitar que él se pase de un carril”, explicó Sebastián.
La relación entre ambos ha llegado a tal punto que quienes los observan correr aseguran que parecen una sola persona. “Desde el momento en el que uno se involucra de lleno con la persona, usted aprende que ya son un equipo”, señaló Sebastián.
Sus entrenadores, Juan Carlos Vega y Gabriela Traña, fueron precisamente quienes les hicieron notar ese cambio: “Ustedes ya se ven como uno, ya se sincronizan”.
Esa sincronización es indispensable. Vladimir sabe que necesita confiar plenamente en Sebastián, pero también entiende que debe exigirse al máximo para estar a la altura de su compañero. “Uno sin guía no es nada y uno tiene también que esforzarse para no alentar al guía. El guía siempre tiene que ser más fuerte que uno, pero uno tiene que dar el máximo en todo momento”, afirmó.
Ahora, ambos continúan corriendo juntos, acumulando experiencias, medallas y kilómetros, pero también dejando un mensaje para quienes apenas comienzan a descubrir el deporte adaptado. “Hay ángeles en el camino. Yo me encontré, he encontrado muchos. Sebastián es un ángel de esos”, dijo Vladimir sobre su compañero.
Su historia también sirve como ejemplo para otras personas con discapacidad que desean hacer deporte, pero todavía tienen dudas o temores.
Vladimir jamás imaginó estar donde está hoy. Ahora corre, compite, gana medallas y comparte una pista con un compañero que aprendió a correr al mismo ritmo que él.
“Yo, Vladimir Garro, hace cinco años nunca me imaginé estar acá, en esta pista, dando esta entrevista hoy. Como un ejemplo de vida, nada es imposible”, concluyó.
Y mientras Vladimir corre sin poder ver el camino, Sebastián va a su lado para asegurarse de que nunca se salga de él.
