La devolucióndel ROP: un acto de justicia

Ronny Castillo / Candidato presidencial del Partido Aquí Costa Rica Manda

Los norteamericanos armaron su fiesta.

La propuesta de devolver el 100% de los fondos del Régimen Obligatorio de Pensiones Complementarias (ROP) a sus legítimos dueños ha sido atacada con argumentos que, más que advertencias técnicas, revelan un profundo desconocimiento del funcionamiento de los mercados de capitales y una subestimación de la capacidad de los ciudadanos para administrar su patrimonio. 

Quienes profetizan un “colapso financiero sistémico” no sólo ignoran la naturaleza líquida y diversificada de estas inversiones, sino que perpetúan un paternalismo que trata a los trabajadores como menores de edad financieros.

En primer lugar, es fundamental entender qué son realmente los fondos del ROP. Se invierten en una cartera diversificada —bonos, instrumentos del mercado monetario, acciones—, la cual es manejada por operadoras profesionales. El argumento catastrofista supone que millones de personas retirarían todo su dinero el mismo día, convirtiendo activos en efectivo de forma masiva. Esta visión es ficticia. En la práctica, cualquier proceso de devolución se llevaría a cabo de forma gradual y regulada, lo que permitiría a las operadoras gestionar la liquidez sin trastornos. Los mercados de capitales, por su propia naturaleza, están diseñados para absorber flujos de entrada y salida; es su función básica.

Afirmar lo contrario es demostrar una falta de comprensión elemental de cómo operan estos mecanismos. Más aún, ese discurso del “riesgo sistémico” es el mismo que ha justificado durante décadas la concentración de la toma de decisiones en pocas manos, alejando al ciudadano de lo que le pertenece. 

Se nos dice que los técnicos y los políticos saben mejor cómo invertir nuestro ahorro, pero se omite que esos mismos administradores cobran comisiones y que los rendimientos no están garantizados. 

La verdadera estabilidad de un sistema financiero no se basa en retener por la fuerza el ahorro ajeno, sino en la confianza, la transparencia y la libertad económica. Un ciudadano que puede decidir sobre sus recursos es un actor más activo, consciente y estable para la economía.

Los trabajadores costarricenses no son niños. Son adultos que enfrentan hipotecas, gastos médicos, la educación de sus hijos y emprendimientos. Para ellos, tener acceso a sus propios fondos puede significar saldar una deuda con intereses abusivos, evitar un embargo o invertir en un negocio familiar que genera empleo. 

Esta libertad responsable no debilita la economía; la dinamiza, pues pone el capital en manos de quienes lo circularán en la economía real, no solo en los papeles bursátiles.

Finalmente, el verdadero riesgo sistémico no es la devolución, sino la desconfianza masiva hacia un sistema percibido como secuestrador del ahorro personal. Cuando la gente cree que no podrá disponer de lo suyo en momentos críticos, busca formas informales y arriesgadas de ahorro, lo que debilita la inclusión financiera. La propuesta de devolución, lejos de ser una amenaza, es una oportunidad para fortalecer la relación entre el ciudadano y el sistema financiero formal, basada en derechos y no en prohibiciones.

Es hora de tratar a los costarricenses como propietarios, no como pupilos. La devolución del ROP es técnicamente viable, financieramente sensata y, sobre todo, un imperativo ético. Los argumentos en contra no se sostienen ni en la teoría económica ni en el respeto a la dignidad de las personas. Defendamos la propiedad, confiemos en la gente y construyamos una seguridad social que empodere, no que limite.