La designación de la nueva canciller es más importante de lo que parece

Opinión

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Jorge Umaña Vargas

Diplomático de carrera, escritor y académico.

Hay momentos en la vida política de un país que pueden pasar desapercibidos a pesar de la trascendencia que, por el contrario, deberían tener. Este artículo pretende que el nombramiento de la señora Ana Elena Pinto Lizano no se convierta en uno de esos.

Como ha sido ya bastante estudiado por los académicos expertos en la materia, sabemos que la primera mujer que participó en la actividad diplomática costarricense fue doña Yvonne Clays Spoelders, quien entre 1940 y 1944 tuvo a su cargo algunas gestiones importantes en Estados Unidos de América, aunque sin cargo ni nombramiento oficial. Fue declarada Ciudadana de Honor de Costa Rica en abril de 2022.

En 1946, por iniciativa del licenciado José Rafael Peralta Cañas, jefe de la Sección Consular de la Cancillería, se emitió una ley para crear la carrera consular, pero ningún gobierno la respetó, y continuó imperando la designación de los agentes diplomáticos y consulares de todos los niveles con base en conexiones partidistas y familiares.

En 1952 se nombró por primera vez una ministra plenipotenciaria en misión especial, doña Ofelia Castro de Wright, y en 1958 Ángela Acuña Braun (primera abogada de Centroamérica) se convirtió en la primera embajadora costarricense y también la primera mujer del hemisferio en ser acreditada con ese rango en la OEA.

En 1965 entró en vigor el Estatuto del Servicio Exterior, que es el que nos rige hasta el día de hoy. El gobierno del presidente Orlich empezó a dar pasos importantes para la puesta en práctica de ese Estatuto; sin embargo, sus acciones fueron derogadas por el gobierno del presidente José Joaquín Trejos Fernández, casi enseguida de su ascenso al poder en mayo de 1966.

En los años siguientes, el Estatuto, a pesar de ser una ley de la República, permaneció virtualmente ignorado, o aplicado solamente en aquellos artículos que el gobierno de turno consideraba convenientes, como, por ejemplo, aquellos que permitían el nombramiento de funcionarios políticos, sin sujeción a requisitos. Por mucho tiempo, ese Estatuto, más que ley de la República, parecía una “amable sugerencia” para los círculos políticos.

Luego, doña Emilia Castro Silva de Barish, en el año de 1981, se convirtió en la primera funcionaria de carrera en ascender a la categoría de embajadora. Doña Emilia en 1996 también fue la primera mujer en recibir el rango de embajadora emérita, el más alto honor que se confiere en el servicio diplomático costarricense, y además se le declaró Benemérita de la Patria en el 2022.

Doña Elizabeth Odio Benito fue la primera mujer que ejerció como canciller interina con recargo, cuando fungía como ministra de Justicia en tiempos del presidente Calderón Fournier a inicios de la década de 1990.

En el año 2000, Elayne Whyte Gómez se convirtió en la primera mujer vicecanciller debidamente nombrada de la historia nacional, y además era parte de la carrera diplomática. A ella le siguieron otras destacadas funcionarias como Marta Núñez Madriz (de carrera, 2010), Gioconda Úbeda Rivera (política, 2013), Lorena Aguilar Revelo (política, 2018), Adriana Bolaños Argueta (de carrera, 2020 y 2026) y Lydia Peralta Cordero (de carrera, 2022).

En tal sentido, no se puede omitir el breve paso de la señora Epsy Campbell Barr como la primera ministra de Relaciones Exteriores de la historia costarricense, quien estuvo unos meses de 2018.

Pero más recientemente, y de enorme importancia, se debe destacar a la diplomática de carrera doña Maritza Chan Valverde, quien se convirtió en la primera mujer embajadora de Costa Rica frente a la ONU, en agosto de 2022.

De modo que el nombramiento de doña Ana Elena se suma a esta serie de aciertos que en materia de derechos de igualdad ha tomado Costa Rica. Pero, por si fuera poco, hay que aunarle que es la primera vez que la política exterior de Costa Rica es comandada enteramente por mujeres. Como bien señala el artículo 140, numeral 12, de nuestra Constitución, “son deberes y atribuciones que corresponden conjuntamente al Presidente y al respectivo Ministro de Gobierno: Dirigir las relaciones internacionales de la República”.

Pero además, yo, como estudioso de la materia y convencido defensor de una carrera diplomática profesionalizada, he de aplaudir en especial que por primera vez en la historia se ha nombrado a una persona en el cargo de canciller de Costa Rica a alguien de la carrera diplomática. Un gran paso sin duda, que además es el correcto en materia de política exterior. El país ha pasado un largo camino hasta este día y se merece por fin una canciller de la carrera diplomática.

Felicidades a la señora canciller por este histórico nombramiento. A ella y a doña Laura, deseo el mayor de los éxitos en el cumplimiento del inciso 12 de ese artículo 140 antes citado, y estoy seguro de que todo el cuerpo diplomático costarricense trabajará para ello.