La comida como lenguaje del amor

Nutricionista en Casa

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Comer es, sin duda, una necesidad vital. Nuestro cuerpo requiere energía y nutrientes para funcionar, reparar tejidos y mantenernos con vida. Pero limitar la alimentación a solo un acto biológico, sería ignorar una de sus dimensiones más profundas: su capacidad para comunicar afecto.

Desde siempre, la comida ha sido un puente que une a las personas. Preparar un desayuno para la familia, invitar a un amigo a la mesa o cocinar un platillo especial para alguien que queremos, son maneras de decir sin palabras “me importas” o “te cuido”. La mesa se convierte en un escenario donde se comparten no solo alimentos, sino también, historias, risas y apoyo emocional.

Este lenguaje de los alimentos no se dirige únicamente hacia los demás; sino que también, habla de cómo nos tratamos a nosotros mismos. Elegir ingredientes frescos, preparar una comida equilibrada y disfrutarla sin prisa, es una forma de demostrarnos amor a nosotros mismos. Comer bien es reconocernos merecedores de salud, energía y bienestar. Es decirnos, “tengo tanto valor, que merezco alimentarme bien”.

Por eso, más que contar calorías o seguir modas de dietas pasajeras, vale la pena detenernos a pensar en la calidad de lo que ponemos en nuestro plato cada día. 

Porque la comida no solo alimenta nuestras células: también nutre nuestros vínculos y nos recuerda, bocado a bocado, que cuidar lo que comemos y querernos, son acciones que se sirven juntas.

Eso no significa que vamos a tener una alimentación sin control, o que vamos a descuidar los alimentos que consumimos.

Lo que sí es muy importante, es no castigarnos con la alimentación y recordar que se trata de disfrutar lo que comemos, pero, teniendo control sobre nuestros alimentos e incorporando en nuestra dieta diaria, aquellos que aporten, especialmente, nutrientes importantes como las frutas, los vegetales, los alimentos harinosos, como el arroz y los frijoles, y algún tipo de proteína.