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Boston, Massachusetts.- La primera de esta serie de columnas semanales en DIARIO EXTRA, Costa Rica, la escribí hace casi 7 años, en noviembre de 2008, cuando Barak Obama llegó al poder por vez primera vez. Y esa nota fue justamente sobre Obama, sobre lo que su elección significaba para la cultura de este país y del mundo.
Mucha agua ha corrido bajo el puente. Visto en perspectiva, el balance es impresionante y tengo la percepción de que Obama será recordado como uno de los mejores presidentes de los EE.UU. Ese niño nacido de padre africano y madre blanca, criado en Hawái y, después, en los barrios de Chicago, logró lo que parecía imposible: recuperar a los EE.UU. de una de sus crisis económicas y morales más agudas de la historia y ponerlo de nuevo en los puestos de delantera de la economía y la creatividad tecnológica mundial. El informe recién lanzado “Perspectivas Económicas Mundiales” divulgado en Beijing, China, hace algunos meses por el FMI y su economista jefe Olivier Blanchard develó que de las grandes economías del planeta solo los EE.UU. crecerá un 3,5% el 2015 y un 3,7% el próximo año. El resto, incluido Europa, China, Japón, América Latina y los demás, están entrando en periodo de contracción y recesión.
Los Estados Unidos era en 2008 un país quebrado económica y moralmente, que había heredado de la administración Bush la situación económica más grave desde la crisis de 1929. La burbuja bursátil había estallado. Se habían dado los fraudes de Lehman Brothers, los bancos estaban destrozados y la industria automovilística de Detroit totalmente quebrada. Este país estaba en la lona. Millones de personas perdieron sus casas y, literalmente, quedaron en la calle.
Para agravar la situación, las dos administraciones de George W. Bush que habían recibido de Bill Clinton el mayor superávit de la historia, dejaron 8 años después a este país con el mayor déficit de todos los tiempos, el cual ha sido aún muy difícil recuperar. Fue la quiebra financiera de un país resultado de haberlo embarcado en una de las aventuras militares más fraudulentas que se recuerden: la guerra de Irak. Esa guerra destrozó no solo Bagdad y su historia milenaria, sino además los equilibrios en esa zona del mundo. Y algo mucho más grave: exacerbó los odios islámicos contra EE.UU. y Occidente. ISIS y el fundamentalismo islámico de hoy día es consecuencia de esa guerra absurda e inmoral que sirvió para enriquecer a algunas empresas militares y logísticas de ingrata memoria.
De todo esto recuperó Obama a los EE.UU. En su período, no solo sacó adelante a este país económicamente (escribo estas líneas desde Massachusetts y veo un país vibrante y dinámico, generando ideas y conocimiento), sino además fue capaz de echar adelante algunas de las reformas sociales más importantes del último medio siglo. Aprobó el “Medicare”, la reforma de la seguridad social, después de un esfuerzo heroico, y luchando contra las grandes empresas aseguradoras y farmacéuticas. Adelantó una reforma migratoria histórica, que deberá ser concretada en los próximos tiempos. Logró la reforma ratificada por la Suprema Corte de los EE.UU. que otorga derechos civiles y jurídicos a parejas del mismo sexo. Y, finalmente, empezó la gran negociación EE.UU.-Cuba, lo cual ha supuesto un cambio esencial en las relaciones del Hemisferio.
Estamos ante uno de los grandes reformadores de la historia de este país. Sin embargo, los pueblos tienen una memoria muy corta y chata. El extraordinario ruido que ha generado Donald J. Trump y la no-imposible elección de Jeb Bush, hermano del mismísimo George W. Bush, es algo que genera asombro y perplejidad, por decir lo menos. La condición humana es inexplicable.