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El apoyo a la construcción de una “mega cárcel buckeliana” para 5.100 privados de libertad a un costo final de US$ 38 millones, en la Comisión de Hacendarios, con los votos del oficialismo y diputados de los partidos políticos de oposición, es una exageración faraónica.
Bastaría con un presupuesto de US$4 millones y, en las instalaciones de La Reforma, ampliar las estructuras existentes de “máxima seguridad” y recluir ahí a un número muchísimo menor de extraditables y privados de libertad, acusados de narcotráfico y de otros delitos de extrema peligrosidad.
El presidente Buckele resolvió los problemas de inseguridad y criminalidad a la manera de El Salvador. ¡Nosotros tenemos que hacerlo a la costarricense!
El primer e incomprensible error de la Administración Chaves fue designar al Ministerio de Justicia como rector del sector de seguridad y no al Ministerio de Seguridad Pública.
El segundo: nunca convocar al Consejo de Seguridad para orientar y evaluar, permanentemente, una política pública integral de seguridad de los tres Poderes del Estado.
El definitivo: desfinanciar la Fuerza Pública y el OIJ, dejar sin protección policial la “ruta de la droga” por la costa del pacífico y minimizar esta crisis de inseguridad, violencia y criminalidad.
Igualmente, resulta increíble que, quienes tienen a cargo preparar y aprobar el Presupuesto Nacional, ignoren olímpicamente que, según el reciente Informe de la Nación, tenemos un retraso de 40 años de inversión en escuelas y colegios y que el nivel y calidad de la educación pública está por los suelos. ¡La educación es la columna vertebral de la nacionalidad costarricense!
O que voceros del Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos demuestran, con pruebas irrebatibles, que tenemos una brecha de miles de millones de colones en infraestructura. Eso… es tener el sistema sanguíneo país atrofiado.
Y así en casi todos los temas fundamentales y prioritarios de la “agenda país”.
Defiendo, viendo siempre hacia el futuro, aquella Costa Rica de la que nos sentíamos orgullosos frente a las otras complejas realidades de América Latina, por más problemas que tuviéramos como país… y sin duda los teníamos y estructurales, especialmente desde que ingresamos a este siglo XXI.
Hemos perdido un tiempo demasiado valioso. Ahora se impone, en el próximo gobierno, llevar a cabo profundas reformas en el Estado Costarricense y ajustes serios y valientes en el modelo de desarrollo nacional. No hay otra solución.
Objetivamente, vivimos en un país en que, el 70% de los ciudadanos, no quieren saber nada de políticos y partidos políticos, como valoración y expresión de una crítica generalizada y una enorme desconfianza nacional.
¡Revertir esa realidad negativa, es el gran reto político de esta campaña electoral!
¿Y usted que opina?