La campanada

Hay en La Nación del 23 de Octubre, de Mohamed El Erian, asesor economista de Barack Obama, un artículo llamado “Una política tóxica contra una economía mejor” que es una verdadera campanada contra el consenso de Washington, que anima todavía la política económica de los gobiernos: la de austeridad que da “un crecimiento lento y asombrosamente no inclusivo”. Es verdad que el señor El Erian es apologético de los economistas ortodoxos (casi todos), que han aconsejado esa política tóxica, pero lo bueno es que la denuncia, aunque culpe a los políticos, cuando dice “los ciudadanos de los países desarrollados están desalentados con un establishment (que incluye a los expertos económicos, líderes políticos, tradicionales y empresas multinacionales dominantes) al que cada vez consideran mas culpable de sus penurias económicas”.  

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Hay en La Nación del 23 de Octubre, de Mohamed El Erian, asesor economista de Barack Obama, un artículo llamado “Una política tóxica contra una economía mejor” que es una verdadera campanada contra el consenso de Washington, que anima todavía la política económica de los gobiernos: la de austeridad que da “un crecimiento lento y asombrosamente no inclusivo”.

Es verdad que el señor El Erian es apologético de los economistas ortodoxos (casi todos), que han aconsejado esa política tóxica, pero lo bueno es que la denuncia, aunque culpe a los políticos, cuando dice “los ciudadanos de los países desarrollados están desalentados con un establishment (que incluye a los expertos económicos, líderes políticos, tradicionales y empresas multinacionales dominantes) al que cada vez consideran mas culpable de sus penurias económicas”.

 

Solo falta que el señor El Erian sea un expositor de la “teoría monetaria moderna”, como don Randall Wray, profesor de economía de la universidad de Missouri, y su máximo exponente, quien sugiere gastar (aunque se cree déficit fiscal) en infraestructura física y social (dando a la gente empleo), porque un estado no es como una persona que puede quebrar si gasta más de lo que recibe, porque un estado tiene su propia moneda, y el problema de los estados europeos no es el déficit fiscal que les produce ser importadores netos de la gran producción alemana que de otra manera no se podría exportar, sino no tener su propia moneda.

A mi me parece muy razonable. La austeridad está matando a la economía mundial que no puede salir de la recesión. Claro que la cosa se pone más grave cuando el déficit fiscal se usa para repartírselo entre “el funcionariado”, como pasa en Costa Rica. Donde los opilados usan a la Sala IV contra cualquier rebaja de sus millonarias pensiones, en un país con un quinto de su población en la miseria. Pero eso no es lo que propone la teoría monetaria moderna, propone la inversión en infraestructura física y social: caminos y empleo; y al diablo con el déficit. 

 

En los Estados Unidos también hay una sola moneda, y allí el estado de Mississippi es un importador de la producción de Nueva York, pero eso a nadie le importa porque Nueva York no está uber alles, como Deustchaland. Se invierte en la infraestructura de Mississipi (aunque es cierto que se invierte mucho más en la estructura física que en la social): también en Mississippi hay mucha gente durmiendo en el carro.