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El general gringo Omar S, Bradley, comandante en Europa de los ejércitos americanos en la II guerra, cuenta en “A Soldier’ Story” que la división 90 era muy mala: sufría muchas bajas, le hacían muchos prisioneros y quemaba muchos comandantes buenos. Y también dice cómo la arregló: le puso un disciplinario de comandante, quien quitó a todos los oficiales malos. Algo así hay que hacer con La Caja.
Allí ocurre que el jefe está incapacitado todos los viernes, y que no se puede tomar ninguna decisión en ausencia del jefe, por lo que si hay un problema se paraliza todo el tinglado. Y a todos les vale un comino. Y si hay alguien a quien le molesta tanto como para hacer algo, ese queda señalado como una indeseable busca pleitos.
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¿Han arreglado algo los famosos presidentes ejecutivos precedidos de tanta fama? No, no han arreglado nada, y las cosas van de mal en peor, mientras no se ponga un disciplinario como jefe supremo, igual que hizo Bradley con la división 90.
Después de quemar a dos buenos generales, Bradley le dio el mando al disciplinario general Mc Nail advirtiéndole que la división lo podía quemar, y pidiéndole que la reformara. Mc Nail la inspeccionó y volvió con una lista de los oficiales a quienes había que quitar. Porque “hombre por hombre, una división es tan buena como otra” Y “a una división verde no se la puede mandar a combatir, sino que hay que combatir con ella, ofreciéndole un ejemplo de combatividad”, que fue lo que Mc Nail hizo, convirtiendo a la división 90 en una de las mejores de la guerra.
¿No podría el presidente del cambio ponerle a La Caja de jefe a un disciplinario? Alguien que haga una lista de los jefes que no sirven, los mande para la casa aunque sea pensionados, y ponga jefes nuevos? Tal vez el presidente del cambio puede ponerles un general porque la emergencia lo amerita, si no la vamos a perder. Y hay que hacerlo pronto.
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La Caja está ante una emergencia. Encomiéndesele la administración a un disciplinario traído de West Point como Mc Nail por unos tres meses, dé una recomendación y haga una lista de los jefes dañinos: eso basta. Es una medida heroica, pero necesaria. ¿Qué se puede perder probando? Pero claro que no se hará nada, porque el mal es general.