
(EFE). Abroncado cuando sonó su nombre por megafonía, cuando salió a calentar en el minuto 52 y cuando entró al campo en el minuto 66, el argentino Julián Alvarez se reencontró con el Metropolitano entre la polémica y los pitos de su afición, por su deseo frustrado de jugar en el Barcelona, que marcó su vuelta a la competición.
“Diles que se vaya, diles que se vaya…”, cantaron desde el fondo los ultras del Atlético de Madrid cuando ingresó en el campo, justo después del 1-1 del Villarreal, cuando Diego Simeone dio recorrido al atacante del conjunto rojiblanco. La necesidad apremia. Y él es fundamental a ojos del técnico en el equipo. Calentaba ya desde el minuto 52.
Ya había transmitido el público el enfado hacia el futbolista entonces, también cuando antes del inicio del encuentro sonó su nombre por megafonía. También hubo un cántico con insultos al Barcelona, en el momento que el atacante salió a calentar en la banda.
Reincorporado al Atlético el pasado 10 de agosto, tras las vacaciones por el Mundial 2026, y fuera del primer partido del pasado miércoles ante el Málaga por falta de rodaje, este domingo ya entró en la convocatoria, ocupó un puesto en el banquillo de inicio, disputó media hora y recibió el enfado de sus aficionados.
En su vuelta al estadio, todo ha cambiado en su relación con el aficionado del Atlético, al menos por ahora. Fichado desde el Manchester City en 2024, después de dos años, 49 goles y 106 encuentros en el club rojiblanco, con el que tiene contrato hasta junio de 2030, Julián Alvarez trasladó su deseo de ser traspasado al Barcelona este verano.