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Cuando se quiere se puede, así podríamos empezar a hablar de Josué Pérez Vargas de 26 años, un joven y talentoso pintor ramonense. Desde su infancia lo inspiró la naturaleza y lo cotidiano, tanto así que con un simple carbón y unas tablas que quedaban de la cocina de leña de su casa, trazó sus primeros dibujos.
De manera más espontánea su inclinación hacia el arte se incrementaba día con día. Eso lo mantiene fresco en su memoria porque recuerda sus primeros trabajos sobre la fauna costarricense, centrándose en los colores, el pelaje, la textura, formas y tamaños, algo que lo atrapó por completo.
“La animalística para mí es apasionante, ccuando concluí el colegio decidí estudiar arte, la verdad es que nunca me vi haciendo otra cosa y es como una necesidad. La decisión no fue difícil porque el amor que uno puede sentir por el arte es mayor que cualquier otra cosa, siempre tuve el apoyo de mi familia”, mencionó.
BÚSQUEDA DE LO PROPIO
Josué tuvo la oportunidad de cursar estudios en la Universidad de Costa Rica, donde logró afinar su técnica. No obstante, lo encajonado que muchas veces resulta el sistema le hizo desistir de continuar hasta la licenciatura, ya que deseaba encontrar su propio estilo sin imposiciones, aunque luego se convirtió en docente.
“Saqué docencia para enseñar las artes, porque uno tiene que considerar como se va a sostener, lo que pasa es que no todo el tiempo se pueden vender cuadros. Luego a través del trabajo constante entendí que solamente trabajando en su propio taller, equivocándose y corrigiendo puede encontrarse consigo mismo y desarrollar lo que uno quiere pintar”, dijo.
Hablando propiamente de su estilo, este artista moncheño apuesta por la implementación de otros elementos como la mezcla de aire, el bisturí, usar soportes y tratar siempre de encontrar algo distinto. Incluso la abstracción y el paisajismo romántico forman parte de su repertorio, algo que lo llena de enorme satisfacción ya que puede plasmar en sus obras lo que le gusta.