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Desde los laboratorios del Tecnológico de Costa Rica (TEC), 3 jóvenes mujeres transforman la papa en una crema dermatológica que mejora la vida de personas con dermatitis atópica y, al mismo tiempo, impulsa a pequeños productores nacionales.
La historia de Biotopika comenzó durante la pandemia de 2020, cuando María Paula Palma, ingeniera en biotecnología del TEC, enfrentó un brote severo de dermatitis atópica en sus manos.
Lo que en ese momento fue un problema personal, pronto se convirtió en una idea que marcaría su camino profesional.
“Tuve problemas de dermatitis principalmente por el uso recurrente de jabones y alcohol durante la pandemia. Eso hizo que tuviera que visitar dermatólogos, buscar tratamientos y conocer un poco más de esta enfermedad, además de darme cuenta que es poco visibilizada y que no tiene cura“, recordó Palma.
Mientras cursaba una clase de fitoquímica, decidió buscar una alternativa natural que ayudara a aliviar los síntomas de esta afección. Así descubrió las propiedades de la papa.
“Encontré que la papa tenía propiedades que podían favorecer. En el curso lo que hicimos fue extraer una molécula que está presente en la papa y la integramos a una crema. Ese fue mi primer prototipo, y cuando la probamos con familiares y personas conocidas que tenían dermatitis, vimos que funcionaba“, explicó.
A partir de esa experiencia nació Atópika, la primera línea de productos de Biotopika.
Con el apoyo del programa Constelar de Impact Hub San José, María Paula y su compañera Karina Monge, también ingeniera en biotecnología, recibieron capacitación para emprender y un fondo de Banca para el Desarrollo que les permitió llevar la idea del laboratorio al mercado.
Luego se unió Daniela Víquez, ingeniera en diseño industrial, quien aportó su conocimiento en imagen, marca y experiencia de usuario.
El resultado fue una crema en gel de rápida absorción, desarrollada con tecnología biotecnológica validada y extractos de papa libre de agroquímicos. Su fórmula ayuda a calmar la picazón, reducir la inflamación y mejorar la textura de la piel afectada por la dermatitis atópica.
Detrás de cada etapa del proceso también participan 3 jóvenes asistentes que aportan al desarrollo y la investigación del proyecto: Emma Willis y Fabiana Tabash de 22 años e Irene Barquero de 20 años, quienes apoyan las labores de laboratorio, control de calidad y mercadeo.
Pero Biotopika no solo innova en ciencia: también promueve un impacto social real. La empresa compra papas que no logran llegar al mercado por imperfecciones, apoyando a pequeños productores costarricenses.
“Utilizamos papa de residuo, es decir, la papa que los agricultores tal vez no pueden vender porque están picadas, manchadas o porque tienen alguna imperfección, nosotros las utilizamos porque tal vez a ellos les cuesta vender esa papa porque la gente no la quiere. Para nosotras no tiene ningún defecto, y así también ayudamos a los productores a colocar esa papa que podrían llegar a perder”, comentó Palma.
Esa relación cercana con las comunidades agrícolas ha sido, según ella, una de las partes más enriquecedoras del proyecto. Las emprendedoras visitan las fincas y trabajan directamente con los agricultores para garantizar la calidad del producto y fortalecer la economía local.
La respuesta del público ha sido igualmente positiva. Personas con dermatitis atópica en distintas partes del país han compartido testimonios sobre los beneficios de la crema.
“Lo más gratificante es que nos digan ‘muchas gracias, me devolvieron calidad de vida y autoestima’. Ver cómo mejora la piel de niños y adultos es increíble. Sentimos que crecemos en comunidad, porque el apoyo de la gente nos motiva a seguir innovando”, expresó emocionada la joven científica.
Actualmente, el equipo impulsa una campaña de crowdfunding para financiar su nueva línea de productos Atópika, que incluirá una crema corporal grande, un jabón facial líquido y una crema facial, todos elaborados con la misma tecnología a base de papa.
“Queremos recolectar dos millones de colones para sacar la nueva línea. Las personas pueden donar o comprar por adelantado los productos, y así ayudarnos a continuar desarrollando tecnología que mejore la vida de más personas”, explicó Palma.
La crema tiene un valor de ₡12.750 y las personas interesadas pueden adquirirla directamente en la página web www.biotopika.com o pueden contactarlas por Instagram: @biotopika o al WhatsApp 6132-9274.
Los productos de Biotopika están disponibles en varios puntos de venta, entre ellos:
A sus 25 años, María Paula Palma, junto con Karina Monge de 26 años y Daniela Víquez de 23 años, representa una nueva generación de científicas costarricenses que apuestan por unir biotecnología, diseño e impacto social.








