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Hace exactamente un año, un informe elaborado por Onusida reveló que 19 millones de personas que viven con el virus de inmunodeficiencia humana (VIH) desconocen su propia realidad.
Añade que las cifras son tan alarmantes que a esa misma fecha al menos se tiene registro de 35 millones de personas infectadas en todo el mundo.
Muchos podrían pensar que esa realidad está lejos de Costa Rica, existen países o regiones del orbe estigmatizadas por esa situación, como es el caso del continente africano.
También se ha pensado que el VIH afecta solo a personas de grupos gais, lésbicos, transexuales y bisexuales. No hay nada más erróneo, nuestro país está hoy ante un escenario bastante preocupante, pues una gran cantidad de la población joven, en edad educativa superior y que serán los promotores de la fuerza laboral del futuro, está infectada del virus.
Solo para mencionar estadísticas, según José Pablo Marín, director del Laboratorio del Hospital San Juan de Dios, en el 2010 se reportaron 40 personas de entre 18 y 25 años con la enfermedad.
En el 2014 esa cifra se triplicó y terminó como récord con 120 casos que son los atendidos por el centro médico. A la lista hay que sumar aquellos pacientes que desconocen estar infectados y otros que pese a conocer su condición no reciben tratamiento o seguimiento médico.
Explicó el médico a un noticiario nacional que están preocupados porque parece que los jóvenes le han perdido el miedo al sida y mantienen relaciones sexuales sin protección. Indicó además que en 15 años habrá un impacto negativo sobre la economía nacional, si los índices aumentan de tal forma, más cuando se trata de personas en edad productiva.
Tiene razón Marín, pues dentro de 15 años podría existir una población adulta joven que viva el desarrollo de la enfermedad con el uso de retrovirales, pero cuyas condiciones de salud no son las óptimas cuando se trata de 30 a 45 años. Además se debe tomar en cuenta que la expectativa de vida en tales condiciones se reduce considerablemente.
Entonces surgen mil preguntas. ¿Si Costa Rica experimenta un aumento acelerado de jóvenes con sida, por qué no se está desarrollando una campaña de prevención masiva?
Las autoridades saben la realidad pero no encienden motores para alertar a las poblaciones sobre lo sucedido. ¿Por qué si es alarmante no se han ejecutado medidas preventivas?
¿Dónde están las campañas de comunicación internas, es decir en centros médicos, para el uso del condón que si bien sabemos no es infalible aminora el riesgo? ¿Qué pasó con las guías sexuales que tras consulta de este medio se enfocan en temas de natalidad y no en asuntos tan reales como la promiscuidad?
¿Los adolescentes se protegen o están pensando siempre en evitar un embarazo? No es para menos, hay 14 mil menores en esa condición, pero la educación se enfoca solo en esta causa de las relaciones sexuales sin protección.
Es cierto que los jóvenes le perdieron el miedo al sida, pero también lo es que la labor de divulgación e información que le compete al Estado en materia de salud es nula.
Las familias deben hacer su aporte, pero ¿cómo decirle a un padre que instruya a sus hijos o nietos, si no conoce los detalles de la enfermedad? Es como pedirle a una persona que les hable a otras de los riesgos de la diabetes, consecuencias y estilo de vida, si ni siquiera conoce en detalle el padecimiento y menos si lo sufre.
Costa Rica no comprende aún la importancia de la prevención, al menos estamos en pañales, pero deberíamos hacer lo propio por tener sociedades más informadas y con ello más sanas, eso prolonga la calidad de vida y hasta ayuda en términos económicos.
Un ejemplo es el asma. Lo que más frecuente es ver las salas de emergencias llenas de pacientes con salbutamol, cuando hay mil fórmulas medicinales para prevenir las crisis.
Las autoridades médicas deben invertir, en este caso el sida amerita respuestas prontas, y si hablamos de poblaciones activas a 20 años nos referimos al futuro, el mismo que tendrá que hacer frente a un alto porcentaje de adultos mayores, menor natalidad, diabetes, hipertensión y obesidad, es decir una bomba de tiempo.
La prevención siempre será mejor que la cura, podemos hacer esfuerzos. Con una persona que se libre de infectarse, con un ciudadano informado y formado el efecto multiplicador traerá buenos resultados. Al fin se trata de vidas humanas, no de estadísticas.