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La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) dio a conocer su último informe sobre desempleo, las cifras son alarmantes cuando se trata del trabajo joven; hay 40 millones de ninis en los países que la conforman y dos tercios de ellos no están buscando activamente un empleo.
La situación no es exclusiva de algunos países, casi uno de cada 10 empleos de las personas menores de 30 años desapareció durante la crisis económica que afrontó el mundo y de la cual la recuperación ha sido lenta.
Según cálculos de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en Ginebra sobre desempleo juvenil, la región de América Latina y el Caribe muestra el índice más alto del mundo, se espera que este año llegue al 16,8% y que en 2017 alcance el 17,1%.
El problema de las poblaciones sin trabajo no es ajeno a nuestra realidad, en Costa Rica hay más de 200 mil desempleados, de acuerdo con estimaciones de la Universidad Nacional (UNA), el 40,5% son jóvenes, es decir, se encuentran en el grupo de edad de 15-24 años (82.120 personas), y el 30% (60.734 personas) tiene 25-34 años. Ambos grupos suman el 70%.
Eso es grave y conforme pasa el tiempo las soluciones parecen no llegar, por el contrario, hay menos opciones para las generaciones recientes en el mercado nacional y global.
Dentro de los aspectos que podrían atribuirse como las causas a la falta de oportunidades laborales está la educación, si se pensaba que ahora hay más personas que acaban la educación primaria y secundaria, no es así. Los estudios demuestran que más de medio de millón de ciudadanos en Costa Rica no tienen título de sexto grado y 600 mil no terminan el colegio, lo que complica el asunto.
Ambas realidades disminuyen en un alto porcentaje las posibilidades de lograr un trabajo digno, con esto nos referimos a salarios de ley, cargas laborales y demás beneficios que estipula la norma nacional vigente.
Ahora para las labores básicas están solicitando bachiller de segunda enseñanza y son las personas con mayores atestados los que en medio de la crisis por el desempleo optan a tales puestos, ya que no hay de dónde elegir.
En el caso de los jóvenes con estudios universitarios ocurre algo perverso, los mercados están saturados, las empresas públicas y privadas están limitadas en sus contrataciones y son cada vez más exigentes, al extremo de no llegar a veces a encontrar en la oferta nacional prospectos idóneos.
Lo anterior ocurre por ejemplo cuando las empresas requieren profesionales bilingües y se percatan que el nivel de la segunda lengua no es tan bueno como se ha promocionado. El país reconoce esas falencias, pero poco hace el sistema de la educación pública por subsanarlo, pues apenas da para el gasto de la malla curricular básica. Estudiar en centros privados es bastante caro.
Otro aspecto que preocupa es el nivel de pobreza en que vive el sector joven de la población, pues al no tener trabajo fijo se lanza a la informalidad para poder hacer frente a las obligaciones del hogar, admite bajos salarios, jornadas ampliadas y hasta sin seguro social, lo que le hace vulnerable.
Es acá donde surge otro caos, son los padres o abuelos quienes terminan absorbiendo esa manutención. Más crítico aún, mantienen a la familia muchas veces con pensiones muy reducidas.
Pero este fenómeno es mundial y en naciones como España y Grecia son los adultos mayores los que reciben a sus hijos y nietos desempleados y sin recursos, para tenerlos en sus casas, pagarles alimentos y otros gastos. Entonces la familia entra en crisis por la falta de opciones.
Dicho lo anterior es claro que nuestros jóvenes tienen un futuro sombrío, lo ha dicho la UNA, tener un grado profesional no es hoy la garantía pata obtener un trabajo.
Surgen muchas preguntas ante un tema urgente de resolver: ¿Entonces qué se está haciendo frente a la realidad del desempleo joven?, ¿cuáles son las acciones a tomar en corto y mediano plazo?, ¿cómo disminuir las tasas de desempleo?, ¿cómo incentivar a los empleadores a contratar personal de menor edad?, ¿se acrecentará la falta de oportunidades para este sector de la población? Parecen interrogantes sin respuestas.
Lo cierto es que cada día son más las personas que no tienen un trabajo digno y también quienes deben dejar los estudios por falta de recursos, lo que hace difícil mejorar la calidad de vida.
El Estado y por ende el gobierno deben buscar soluciones prontas a tal caos, incentivar las inversiones, promover entornos saludables para las empresas, revisar con lupa las opciones que tienen los jóvenes para capacitarse en grados técnicos y diplomados, además reestructurar los programas de educación bilingüe que son deficientes.
No se puede tapar el sol con un dedo, pues tarde o temprano la población que está en edad económicamente activa será incapaz de satisfacer sus obligaciones y con ello los regímenes que deben tener como soporte el aporte de las nuevas generaciones se irán debilitando.
No es un juego, es una estadística que refleja la realidad, Costa Rica también debe abrirles campo a los más jóvenes, pero eso será una opción cuando las personas adultas mayores entiendan que sus pensiones serán suficientes para mantenerse y no tendrán que seguir en sus labores hasta edades avanzadas o entrar al mercado laboral en condiciones que no son las óptimas buscando ingresos para redondear.