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Jorge Mario Bergoglio Sivori nació en Buenos Aires, Argentina, el 13 de diciembre de 1936; hijo de Mario José Bergoglio y Regina María Sivori, inmigrantes italianos que huyeron de su país en el año 1929 por el avance del fascismo.
En el libro «Papa Francisco, cómo piensa el nuevo pontífice» del periodista argentino Armando Rubén Puente se narra que la infancia de Jorge Bergoglio fue la que llevaba cualquier joven de la época, «bailaba tango, aunque prefería la milonga, jugaba al fútbol y al baloncesto, salía con amigos y amigas y estudiaba»; sintió el llamado al sacerdocio en el inicio de la primavera de 1953, “cuando tras estar de fiesta entró en una iglesia y se confesó”. «Vi acercarse a un sacerdote que no conocía y que iba a un confesionario. Arrastrado por una fuerza que no sé explicar me acerqué a él y me confesé (…) Cuando me levanté supe que iba a ser sacerdote», se relata en el libro.
Pero fue hasta los 21 años en que ingresó formalmente a la compañía de Jesús en donde después de 12 años se ordenaría como tal. Apasionado al fútbol, es un reconocido hincha del equipo de la primera división de Argentina San Lorenzo de Almagro.
Cuenta con una vasta preparación académica en donde se destacan sus licenciaturas en Filosofía y Teología, así como sus estudios en Humanidades, Literatura y Psicología; ha sido profesor y rector de colegios.
Entre 1973 y 1979 se desempeñó como superior de la orden de los jesuitas en Argentina y fue foco de acusaciones de haber colaborado con la dictadura argentina en aquellos aciagos años. Estela de Carlotto, presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo, lo acusó en el año 2007 de haberse enterado “del robo de menores durante la dictadura unos diez años antes”.
Debido al silencio del padre Bergoglio y de la Iglesia católica “en este país tuvimos 30.000 desaparecidos y 560 nietos apropiados por represores”, sin embargo, la misma Estela de Carlotto reconocería el 7 de noviembre del 2014 que injustamente acusó al hoy papa Francisco y aseguró que \”cuando uno se equivoca tiene que reconocerlo\” porque persistir en la \”mentira es repudiable\” y al rectificar su juicio histórico la insigne Presidenta de las Abuelas de la Plaza de Mayo terminó por echarles la culpa a los informantes que la indujeron en error al decir que “si bien yo no pido perdón, sino simplemente me estaban informando mal desde sectores que yo creía que eran serios; luego salen sectores que informan la verdad y uno rectifica el pensamiento\”.
En todo caso, el padre Bergoglio se distinguió en su apostolado por ser un hombre cercano a la pobreza, que debía socorrer y curar heridas de los feligreses; ha sido un hombre extremadamente consecuente entre las cosas que piensa, dice y hace; su vida frugal, ajena a todo lujo le ha permitido cumplir un apostolado con los que menos tienen y por eso su intención de que la Iglesia salga a atender las periferias.
Quien fuera su vocero en la curia de Buenos Aires, Guillermo Marcó, le contó al Diario La Nación en Argentina una sabrosa anécdota ocurrida en Roma: “Guillermo pasó a buscar a Jorge Bergoglio por la casa para sacerdotes en la que había dormido, en Roma. Era la mañana en que Juan Pablo II iba a consagrarlo Cardenal y debían ir hasta la Santa Sede. \’¿En qué vamos?\’, preguntó Guillermo. \’¿Cómo en qué vamos?, ¡Caminando!\’. Vestido de colorado, Bergoglio adelantó el paso y frenó a los pocos metros. Era temprano y todavía había tiempo para tomar un ristretto de parado en alguna cafetería. \’Quedate tranquilo que en Roma podés caminar con una banana en la cabeza y nadie te va a decir nada\’”, soltó entre risas…
Aquel día, rumbo a su encuentro con Juan Pablo II, Bergoglio rememoró las palabras de su padre. \”Cuando vayás subiendo, saludá a todos. Son los mismos que vas a encontrar cuando vayás bajando\”.
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