Jerusalén

El prestigio y la fuerza moral de Costa Rica, en el exterior, son mucho más grandes de lo que valoramos en este país. De la misma forma que la variable internacional es mucho más importante y determinante sobre lo nacional de lo que usualmente estamos dispuestos a aceptar. Este país vale mucho. De ahí que la política internacional de Costa Rica debe ser consecuente con nuestros valores nacionales y el activo equilibrio que un país pequeño como el nuestro debe mantener frente a los grandes poderes del mundo y en relación con temas tan sensibles y delicados como, por ejemplo, el de Jerusalén.

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El prestigio y la fuerza moral de Costa Rica, en el exterior, son mucho más grandes de lo que valoramos en este país. De la misma forma que la variable internacional es mucho más importante y determinante sobre lo nacional de lo que usualmente estamos dispuestos a aceptar. Este país vale mucho.

De ahí que la política internacional de Costa Rica debe ser consecuente con nuestros valores nacionales y el activo equilibrio que un país pequeño como el nuestro debe mantener frente a los grandes poderes del mundo y en relación con temas tan sensibles y delicados como, por ejemplo, el de Jerusalén.

Jerusalén es la ciudad sagrada de judíos, musulmanes y cristianos. Cuidarla y protegerla bien, como lo ha hecho siempre el Estado de Israel, es una obligación de carácter universal. Algunos de los símbolos religiosos e históricos fundamentales de estas tres religiones monoteístas están en la Ciudad Santa.

Costa Rica reconoció la existencia del Estado de Israel desde su nacimiento. Somos amigos del pueblo israelí y su democracia. Igualmente, y sin que formalmente exista el Estado Palestino, también reconocemos el legítimo derecho de ese pueblo a ese estatus internacional. Eso es lo justo y correcto. 

Si los israelís tienen todo el derecho a un territorio seguro y un Estado, los palestinos también tienen ese derecho, por iguales y viejas razones históricas y de Derecho Internacional. Incluso las fronteras territoriales entre ambos Estados están bastante definidas en las, por ahora, estancadas negociaciones entre las partes. El gran tema de discordia es Jerusalén.

En diciembre Daniel Barenboim, el afamado músico y director de orquesta sinfónica, de nacionalidad israelí y palestina, en un esclarecedor artículo sobre Jerusalén, a raíz de la conocida decisión del presidente Trump, aboga por la plena existencia de dos Estados y por el oeste de Jerusalén como capital de Israel y el este como capital de Palestina. 

Esa solución la acepta una buena parte del pueblo y el liderazgo político de Israel que desea la paz, así como el liderazgo moderado de los palestinos. Solo así habría una razonable paz negociada y estable entre Israel y Palestina. 

Esa fue la posición de nuestro país el año en que ejercimos la Presidencia del Grupo de los 77 y China y los dos años en que representamos a Costa Rica en el Consejo de Seguridad de la ONU, en el Gobierno de José María Figueres.

Esa es una posición seria y responsable. Me alegra saber que es también la tesis del maestro Barenboim.

En las Naciones Unidas, Costa Rica no se puede dejar llevar del voto ciego de las mayorías automáticas, a favor exclusivamente de las posiciones radicales árabes. Tampoco puede aceptar incondicionalmente errores geopolíticos que retrasan una solución pacífica y negociada al conflicto entre Israel y Palestina. Menos aún arrimarse a posiciones extremistas, de uno u otro lado.

Costa Rica debe votar y defender siempre, con valor e integridad, una posición democrática y moral consecuente con lo que somos y representamos en el mundo. Así seremos justos y respetados entre las naciones, como debe ser.