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(AFP) El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, denunció este martes intentos de robo de las primeras elecciones desde los ataques del movimiento islamista palestino Hamás en 2023, marcadas por una fuerte polarización y una participación masiva.
El sufragio se celebra a la sombra de tres años de guerras regionales desatadas por esos ataques del movimiento palestino, con cuestionamientos sobre la respuesta del país y con la seguridad como tema central de la campaña.
Las últimas encuestas muestran a Netanyahu codo a codo con su principal rival, el centrista Gadi Eisenkot, un político novato y exjefe militar con un talante tranquilo.
El Likud, el partido de Netanyahu, solicitó que las urnas cierren más tarde de la hora prevista, pero la comisión electoral se negó, alegando que nada justificaba esa medida.
La inquietud del primer ministro podría estar relacionada con la histórica tasa de participación registrada en estos comicios, que alcanzaba el 66,70%, la más alta desde 1973, según datos de la comisión electoral.
Con su futuro en juego, Netanyahu denunció que “tres altos funcionarios” de la Lista Árabe Unida (Ra’am) “están tratando de robar las elecciones” tras haber sido detenidos en el sur del país con sobres llenos de dinero.
Sin embargo, las autoridades electorales afirmaron que esas personas fueron arrestadas cerca de sus hogares y “aún no habían llegado a los centros de votación”. Es un “caso aislado” que se está investigando, precisaron.
El líder de Ra’am, Mansur Abás, acusó a Netanyahu de “mentir” e “infundir miedo” para “movilizar a los votantes de derecha”, y el partido Yashar aseguró que el primer ministro busca preparar “el terreno” para impugnar los resultados en caso de derrota.
También hubo un incidente en Tel Aviv, donde la policía arrestó a un hombre con un cuchillo que se acercó de manera amenazante al líder de izquierdas Yair Golan.
“La incitación y la violencia no nos intimidarán”, sostuvo Golan en un comunicado.
Los comicios llegan en un momento de creciente aislamiento de Israel por su campaña militar en Gaza, la construcción de asentamientos y la violencia de los colonos en Cisjordania ocupada, así como el giro hacia la extrema derecha y el nacionalismo religioso.