Inversión para confiar en las fuerzas policiales

Editorial

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En un país democrático, la seguridad ciudadana no puede entenderse sin instituciones policiales sólidas, profesionales y confiables. Las fuerzas del orden son, al final del día, las encargadas de proteger nuestra vida, nuestros bienes y nuestra paz social. Por ello, confiar en ellas no debería ser un acto de fe ciega, sino el resultado de estructuras que inspiran respeto, compromiso ético y eficiencia.

Sin embargo, esta confianza no nace sola. Se construye, y para ello el Estado debe asumir su rol con decisión: fortalecer las estructuras policiales con presupuestos dignos, mejorar las condiciones laborales de sus funcionarios, ofrecerles formación continua y garantizarles una carrera profesional que premie el mérito, la honestidad y el servicio a la comunidad.

Cuando un oficial de policía sabe que sus esfuerzos son reconocidos, que sus condiciones de trabajo son justas y que tiene la preparación adecuada, entonces está en capacidad de tomar decisiones acertadas, de actuar con firmeza, pero también con humanidad. La profesionalización policial no solo reduce errores o abusos, sino que potencia su rol preventivo y su cercanía con la ciudadanía.

Lamentablemente, la falta de inversión sostenida en los principales cuerpos policiales del país ha terminado minando esa confianza. 

El debilitamiento institucional, la precariedad laboral, la rotación excesiva de personal y la politización del mando son factores que generan grietas en una estructura que debe ser, por definición, fuerte y confiable. Asimismo, ha terminado generando abusos crecientes que han sido denunciados a lo largo y ancho del país.

Este no es un tema solo de las fuerzas policiales. Es un asunto país. Porque cuando la ciudadanía desconfía de quienes deberían protegerla, los vacíos los llenan otros actores: el miedo, la impunidad o, en el peor de los casos, el crimen organizado. Por eso, como sociedad, debemos impulsar y exigir reformas estructurales que dignifiquen la función policial. No basta con exigir resultados o culparlos cuando algo falla; debemos darles herramientas, respaldo y la formación para que puedan cumplir su función de la mejor forma. Confiar en nuestras fuerzas policiales no es ingenuidad. Es una apuesta estratégica por la seguridad y la convivencia a futuro. Y esa apuesta será uno de los principales retos que enfrentarán en las siguientes elecciones los candidatos a la Presidencia. Esperemos que no se olvide que invertir en la gente que está en primera línea del cuidado de todos es una prioridad.