Intolerancia a la libertad religiosa

Resulta increíble que sean los intolerantes los que pidan tolerancia. Cuando estás con ellos, sos el más brillante defensor de los “derechos humanos” que la tierra haya visto por siempre jamás; pero cuando no estás con ellos, sos el más troglodita dinosaurio y cavernícola subhumano que los mismísimos infiernos puedan deglutir. Actualmente, yo estoy librando […]

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Resulta increíble que sean los intolerantes los que pidan tolerancia. Cuando estás con ellos, sos el más brillante defensor de los “derechos humanos” que la tierra haya visto por siempre jamás; pero cuando no estás con ellos, sos el más troglodita dinosaurio y cavernícola subhumano que los mismísimos infiernos puedan deglutir. Actualmente, yo estoy librando una verdadera batalla por los Derechos Humanos, con mayúsculas, que cobija a la inmensa mayoría de la población que profesa algún tipo de fe: nuestro proyecto de Ley para libertad religiosa y de culto, expediente número 19,099. Se trata de una iniciativa que busca la consagración legal de estos derechos, por imperio del principio de reserva de ley, en un momento en el que la intolerancia y el fundamentalismo secular más extremo tienen sus baterías enfiladas en contra de lo que el proyecto pretende proteger.

En este contexto, el pasado viernes 9 de junio, en las instalaciones del Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica, y con el concurso del Depto. de Participación Ciudadana de la Asamblea Legislativa, el Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa, el Centro Internacional de estudios de Derecho y Religión de la Brigham Young University de los EE.UU. y, desde luego, del mismo colegio señalado, celebramos exitosamente el Simposio Internacional “Desafíos de la Libertad Religiosa y de Culto en Costa Rica: un compromiso pendiente de Derechos Humanos”. 

Fue un evento magno, de un profundo raigambre académico e intelectual, y de una evidente conformación pluralista, que incluyó las participación de importantes funcionarios públicos, académicos, representantes de una gran cantidad de confesiones religiosas, tales como los budistas, musulmanes, ba´hais, católicos, evangélicos, judíos, mormones, episcopales y adventistas, entre otros, profesionales y estudiantes de Derecho y representantes de los partidos políticos, a los que se les cursó invitación sin distingo de colores ideológicos.

Nada más democrático, serio, respetuoso y promotor de la tolerancia y los Derechos Humanos. Sin embargo, las voces de la intolerancia y el odio empezaron a surgir por aquí y por allá, sobre todo en las redes sociales, haciendo comentarios desencajados y desafortunados. Entre los exabruptos rencorosos y falaces, destacan las aseveraciones de la abogada de la asociación “Acceder”, la señora Larissa Arroyo, la cual se refirió al evento en los siguientes términos, y cito: “Esto es lo grave, gravísimo, de que (sic) el Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica haya promovido esta actividad porque no hubo realmente debate legal sobre el tema de libertad religiosa y derechos humanos. Lo que hubo fue una plataforma para quienes abogan por restringir los derechos humanos”.

Está claro que para la activista LGTBI, si la mencionada organización gremial no trabaja los temas que son de su interés, entonces actúa mal, pero lo que más sorprende es que ella no estuvo en el evento y no escuchó las participaciones y conferencias que, según ella, adolecen de solvencia académica, como corresponde en circunstancias como estas. Resulta sospechoso que del programa del evento solo subiera a su red social una foto parcial de la agenda, en la que enfatizó mi participación y las palabras de bienvenida del presidente de la Asamblea Legislativa, para luego decir que el colegio bajo su reproche solo “[…] invita a dos diputados/pastores fundamentalistas a hablar de libertad religiosa y de derechos humanos […]”. 

De manera fantástica, olvidó la señora mencionar varias cosas: que yo no soy pastor, como ella dice; que el presidente de la Asamblea además de pastor también es abogado, igual que ella; que las conferencias académicas estuvieron a cargo de dos catedráticos de la universidad privada más importante de los EE.UU., y de una jurista uruguaya, académica y senadora de su país, presidenta del Consorcio Latinoamericano de Libertad Religiosa, todos especialistas en materia de libertad religiosa y Ciencias Jurídicas. Y, por si fuera poco, se le olvidó mencionar que el evento incluyó una conferencia de la señora Defensora de los Habitantes de la República, doña Montserrat Solano, así como de las palabras atinadas y ancladas en la doctrina de los Derechos Humanos del señor Presidente de la República, don Luis Guillermo Solís Rivera.

Porque de lo que al final se trata es de descalificar a los que no piensan como ella y, como es lo usual con las mentes simples, de recalificarlos con palabras pomposas y rimbombantes, llenas de odio e intolerancia, al llamarnos «fundamentalistas», sin que se tenga la menor idea de lo que eso significa. 

Y si el fundamentalismo es tomar una fuente de sentido, sea religiosa, étnica, ambiental o sexual, para señalar las más obvias, y desproveerla de toda racionalidad, entonces sus posturas intolerantes son, de hecho, expresión clara del fundamentalismo. Quizá por ello, la señora Arroyo sentencia con inquisidora gravedad: “Que descaro de un cura pidiendo igualdad cuando Costa Rica es un estado confesional y de Fabricio Alvarado pidiendo libertad cuando lo único que ha hecho en la Asamblea Legislativa es tratar de imponer su creencia personal”.

No le acepto, Doña Larissa, que usted cuestione la seriedad del evento y su compromiso con el estudio de los Derechos Humanos y la libertad religiosa. Tampoco le acepto que usted cuestione la seriedad del Colegio de Abogados y Abogadas de Costa Rica por patrocinar un conversatorio de tanta relevancia para el desarrollo jurídico del país, en materia de Derechos Humanos. Finalmente, no le acepto que usted cuestione la honorabilidad y la seriedad de los académicos y jerarcas que participaron en el simposio, y menos aún de las personas del público que plantearon sus criterios y observaciones respecto del tema. A usted yo la respeto en sus posiciones políticas, porque en una sociedad democrática, la tolerancia debe ser la base del debate público; por ello, a usted, como a todos, les exijo respecto y tolerancia en relación con las mías propias, porque, en una sociedad tal, de eso se trata la convivencia pacífica.

 

Periodista y diputado de Restauración Nacional