
Más de 300 personas utilizaban una propiedad privada en el precario “El Pochote”, en Barrio Cuba, para vivir y consumir drogas.
El terreno de 4.000 m² se convirtió en el búnker a cielo abierto más grande de San José, donde una organización criminal se ha encargado de establecer un punto de narcomenudeo.
Por este motivo, mediante un operativo de la Policía Municipal y Fuerza Pública, se logró sacar a las personas adictas que habían establecido sus ranchos desde hace muchos años.
Las autoridades explicaron que la dinámica de los ocupantes ilegales era hacer quemas de charral, para dejar el suelo listo y construir dentro de la propiedad.
“Este es el inicio de una operación muchísimo más grande, que va dirigido a tomar el control del asentamiento de “El Pochote”, un área donde las familias tendrán que desalojar, donde centenares de personas podrían estar consumiendo drogas durante la noche y la madrugada”, dijo Marcelo Solano, director de la Policía Municipal.
Para derribar los asentamientos, se utilizó maquinaria de la Municipalidad de San José y se espera que en los próximos ocho días se logre tener “limpio” el terreno para poder entregar la propiedad a su dueño. Fuentes policiales explicaron que el terreno no ha podido ser utilizado desde 1988, ya que un grupo criminal y hasta los consumidores, han amedrentado constantemente a los dueños.
Erick Villalobos
Supervisor de la Policía Municipal de San José
“Necesitamos recuperar los territorios que están siendo tomados por el hampa. Muchas veces estos lotes han sido abandonados por sus propietarios, otras veces los ocupan a la fuerza, algunos de los propietarios nos dicen que cuando han querido resguardarlos, han sido amenazados por delincuencia organizada”.
“Aquí hay una banda criminal que es dueña de las plazas de venta de drogas en esta zona de El Pochote, que rivaliza y compite con otras zonas de los barrios del Sur, pero hay una estructura criminal asentada en este sitio”, agregó.
En un solo día, la venta de drogas en este punto puede representar como mínimo ganancias de entre ¢400 mil y ¢600 mil, por lo cual a esta organización este punto les resultaba muy rentable.
Marcelo Solano
Director de la Policía Municipal de San José
“Hemos venido cerrando los espacios a los habitantes de calle con consumo activo de drogas, para que cada vez tengan menos espacios en San José para estar, se han venido derribando búnkeres, cerrando lotes baldíos y una mayor articulación con oficiales de la Fuerza Pública”.
Erick Villalobos, supervisor del cuerpo policial municipal, detalló que gran cantidad de estas personas tienen un amplio expediente criminal, ya que han hecho de la delincuencia su modo de vivir.
“Ponen en riesgo los caseríos aledaños, ya que hacen quemas de charrales, lo cual pone en alerta a vecinos. Por eso estas propiedades son beneficiosas para la delincuencia organizada”, afirmó.



