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El problema no es solo del ICE o de Recope. El problema es de todas las instituciones autónomas y tiene que ver con una crisis estructural del Estado costarricense. El problema es de la CCSS, el INS, la banca estatal, el INA, el INVU… y todas las autónomas.
El avance más importante de la Constitución Política de 1949 con respecto a la liberal de 1871 es el concepto de las “instituciones autónomas”. Ese gran progreso conceptual, hace más de 60 años, se lo debemos a Rodrigo Facio, el más importante intelectual de la Generación de 1948.
Con el transcurrir de los años, la autonomía se transformó en descentralización plena, las instituciones crecieron como abejones de mayo y el Estado costarricense se hizo ingobernable e inmanejable para el Poder Ejecutivo. En ese punto estamos ahora.
Por eso el Ministro de la Presidencia declara que no puede hacer nada: “Las decisiones sobre la operación del ICE le corresponden exclusivamente a su junta directiva”.
Igual en la CCCS, Recope, el INS, el INVU y en los bancos estatales. Y si la Casa Presidencial llama a algunos directores o a la junta directiva para fijar orientaciones globales y necesarias del Estado, se arma un ridículo escándalo nacional, en la prensa, por supuesta “intromisión política”.
Hemos llegado a tal nivel de ingobernabilidad que solo se tiene margen de acción y control presupuestario sobre un tercio del Estado costarricense: el que corresponde al Poder Ejecutivo, la Asamblea Legislativa, el Poder Judicial, el Tribunal Supremo de Elecciones, la Contraloría y la Procuraduría. Eso es solo un tercio de las finanzas públicas y está bajo control presupuestario y de legalidad a posteriori, de la Contraloría General de la República. Nada más un tercio.
Los otros dos tercios, están por la libre: el ICE, RECOPE, la CCSS, el INS…y la banca estatal. Nadie las controla ni presupuestaria ni políticamente y, en este gobierno, ni siquiera se atreven a orientarlas integralmente por medio de directrices de la Casa Presidencial.
Es lo mismo de la famosa ética de las galletas: ver lo pequeñito y no actuar jamás en lo grande e importante de las orientaciones del Estado. En eso nunca. Jamás entrarle al desmadre que existe en las instituciones autónomas y comprarse una bronca con quienes controlan, desde adentro, a esas instituciones. Esto es la perversión misma del concepto de la autonomía institucional y debe revisarse constitucionalmente, para tener un Estado moderno, eficiente y al servicio a la gente.
La verdad: las instituciones autónomas están por la libre, dominadas por poderes fácticos internos.
Los pocos presidentes de la República que no se dejaron manejar la agenda por la prensa, ni derrotar por los miedos a los grupos de poder, se atrevían en el pasado a emitir directrices con sus ministros y a conversar con las juntas directivas de las autónomas. En este ni eso sucede.
Se impone una reforma constitucional para devolverle jerarquía y autoridad al Poder Ejecutivo, eliminar las presidencias ejecutivas, nombrar gerentes generales por concurso y reformar la integración actual de las juntas directivas. Digo… si se quiere gobernar de verdad.