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En una de las comunidades más pobladas y vulnerables de San José, un contenedor se ha convertido en un símbolo de esperanza.
En Rincón Grande de Pavas, donde el acceso a la tecnología y a la educación de calidad sigue siendo un desafío, el proyecto Conectados, liderado por la asociación Recuperando Terreno Unidos, está cambiando el futuro de cientos de jóvenes mediante cursos en programación, electrónica, impresión 3D e inglés.
La iniciativa nació de la necesidad de recuperar un espacio comunitario que había quedado en desuso, luego de que la cancha y pista de atletismo del Polideportivo Rincón Grande fueran clausuradas por problemas de propiedad.
A partir de ahí, Cristóbal Monge, trabajador social y quien ha laborado más de 17 años en la comunidad, decidió transformar el antiguo contenedor en un laboratorio tecnológico.
“Queríamos que los jóvenes tuvieran acceso a herramientas que abrieran oportunidades reales, que les hicieran pensar en un futuro diferente”, recordó Cristóbal, Gestor de Proyectos.
Así nació Conectados, un programa gratuito que brinda capacitación en habilidades digitales a jóvenes de entre 15 y 18 años.
Con el apoyo de la Universidad Fidélitas y el Banco BCT, la iniciativa pasó de ser un plan piloto a consolidarse como un modelo de formación tecnológica que ha graduado a más de 150 jóvenes desde 2024.
Los cursos abarcan desde programación en Python y electrónica básica, hasta impresión 3D, control de calidad e inglés intensivo, todos impartidos por docentes universitarios especializados.
“El proyecto no pretende ser una opción más en el mercado educativo, sino complementar la educación secundaria, que está muy débil en estos elementos de tecnología, más que todo en Pavas, por eso uno de los requisitos es que los jóvenes sigan matriculados en el colegio. Queremos fortalecer su aprendizaje, no reemplazarlo. Les damos herramientas para que descubran su potencial y sepan que también pueden aspirar a la educación superior”, explicó Monge.
El programa ha logrado mantener una retención del 95% y una participación femenina del 45%, superando incluso las metas iniciales.
En cada generación, se observa cómo los jóvenes adquieren no solo conocimientos técnicos, sino también confianza y sentido de propósito.
“El impacto va más allá de lo cuantificable, son familias que cambian el chip y jóvenes que cambian el chip respecto a lo que les espera en un futuro a nivel educativo. Ver a una mamá o un papá y que vea a su hijo recibir un certificado, yo creo que los hace querer pensar que su hijo puede, que puede graduarse de una universidad”, agregó el gestor del proyecto.
Entre los más de 150 jóvenes beneficiados, 2 de ellos representan el espíritu de esta iniciativa, Marshall Azofeifa Lira y Laura Córdoba Fernández, estudiantes que hoy ven su futuro con nuevos ojos gracias a Conectados.
Marshall, vecino de Pavas, asegura que este proyecto marcó un antes y un después en su vida.
“Soy parte de la comunidad de Pavas y el grupo de Recuperando Terreno. Estos cursos me han ayudado a fortalecer mucho mis habilidades blandas. Ya que estudié en un colegio técnico llamado Cotepecos, el cual exige a los estudiantes tener un buen currículum. Ha sido algo muy bonito porque a la hora de que vengan los desafíos es algo no tan difícil para mí y que ahora acepto los retos con la cabeza en alto y no la agacho, porque gracias a esta oportunidad que me ha brindado Conectados, tengo unas habilidades primordiales en el mundo laboral”, expresó.
“La mayoría de los chicos en Pavas tienen mucho talento, pero no hay esa persona que les dé la mano y que diga, ‘Vamos, yo te apoyo’. Por eso, bajo mi experiencia, la verdad es que le agradezco demasiado a la fundación Recuperando Terreno”, relató el joven que también la asociación le ha abierto muchas oportunidades como deportista en la comunidad.
Por su parte, Laura Córdoba Fernández, estudiante del Colegio Técnico Profesional de Pavas, resalta cómo el proyecto ha fortalecido su formación.
“Me ha complementado bastante en mi especialidad, que sería configuración y soporte, ya que he llevado diferentes cursos como electrónica básica, impresión 3D y Python. Esto le suma a mi currículum y me ayuda en la parte profesional a crecer. Además, contamos con diferentes cursos y se han tomado el tiempo de escuchar nuestras opiniones, los proyectos que hemos propuesto los estudiantes y la comunidad”, indicó.
El impacto de Conectados va más allá de los números, jóvenes que antes no tenían computadora ahora aprenden a programar, crean piezas en 3D y conversan en inglés con fluidez.
Muchos de ellos sueñan con estudiar ingeniería o trabajar en tecnología, inspirados por los mismos docentes que cada sábado llegan a Pavas a compartir su conocimiento.
“El éxito de este proyecto también está en que los jóvenes se sienten escuchados, les da esperanza saber que alguien cree en ellos. Les preguntamos qué quieren aprender, y ellos mismos proponen los cursos. Así surgieron los de inglés y control de calidad”, explicó Monge.
El Banco BCT ha sido un aliado clave al aportar infraestructura, equipamiento y recursos tecnológicos para el laboratorio, además de cubrir transporte y honorarios docentes.
Por su parte, la Universidad Fidélitas ha impulsado metodologías innovadoras, incorporando a profesores de distintas áreas de ingeniería que se han comprometido con la formación de esta nueva generación. Hoy, Conectados se perfila como un modelo replicable para otras comunidades del país.
“Esto demuestra que la educación superior puede llegar a las comunidades vulnerables, no al revés. La meta es cerrar la brecha digital y de género, y abrir un futuro distinto para quienes más lo necesitan”, concluyó Cristóbal.
Desde un contenedor convertido en laboratorio, Conectados demuestra que la tecnología puede transformar vidas y que una idea puede convertirse en un motor de cambio para jóvenes que hoy ven la educación como una puerta abierta al futuro.












