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No existe mejor forma conocida de estimular el desarrollo de un país, generar empleo y dinamizar todos los factores económicos, que por medio de la construcción de infraestructura: sea esta pública (autopistas, carreteras vecinales, puentes, aeropuertos, puertos, alcantarillas, acueductos…) o privada (centros comerciales, oficinas, apartamentos, casas…).
Esa es una receta conocida y probada desde los años 30 del siglo XX. Por recomendación de John M. Keynes, el sabio economista inglés, el presidente F.D. Roosevelt inició un enorme programa de inversión y construcción de obras públicas en todos los Estados Unidos. Esa medida inició la recuperación de ese país y su transformación en una potencia internacional, contra la opinión de los conservadores que insistían, aún en medio de una gran depresión económica mundial, en no incrementar la inversión pública y solo mantener el equilibrio fiscal y las variables macroeconómicas.
La receta sigue siendo válida y es actual, especialmente en el caso de un país pequeño como Costa Rica.
He escuchado distintas cifras: pero lo cierto es que existen cerca de $4.000 millones en préstamos de países, bancos y agencias internacionales, a la espera de ser utilizados e invertidos en obras de infraestructura. Incluso, por la ineficiencia del MOPT y Conavi, hasta se están pagando intereses por recursos aprobados que no se están utilizando. Solo una de esas líneas de crédito genera intereses vencidos del orden de los $20 millones, según informó DIARIO EXTRA. Un verdadero desastre nacional.
Además, los distintos Fondos de Pensiones tienen enormes recursos ociosos (más de US $10.000 millones) invertidos incluso en el extranjero, porque el país no es capaz de implementar una política pública racional y audaz, para destinar parte de esos fondos a la construcción de infraestructura nacional, garantizada con las obras a realizar y los peajes a cobrar por su utilización. La Junta de Pensiones del Magisterio hasta ha ofrecido recursos públicamente.
Bien haría el presidente Solís, a su regreso a Costa Rica y antes de viajar de nuevo a la ONU en setiembre, en trabajar estos tres meses y concentrarse con su Ministro del MOPT en este tema, convocar a una reunión con la Cámara de Constructores y poner en marcha un gran Acuerdo Nacional para declarar un Estado de Emergencia, solicitar a la Asamblea Legislativa las dispensas legales pertinentes y concentrar la acción del Gobierno de la República en la construcción de infraestructura nacional y la generación de empleo. Ese sí es un verdadero norte.
Con una acción así, recibiría el apoyo de todas las fuerzas políticas y organizaciones económicas y sociales del país. La razón es muy sencilla: es la mejor y más rápida forma de entrarle al tema del desempleo que estamos viviendo, combatir la pobreza, activar a la empresa privada nacional de la construcción y dinamizar todos los factores económicos, para ver si salimos del hueco y volvemos a crecer, en porcentajes ciertos, significativos y reales, como tiene que ser (a más del 6%).
Brasil lo entendió bien y la presidenta Rouseff acaba de anunciar un plan de $60.000 millones a este gran objetivo. ¿Por qué, a nuestro nivel, no podemos hacer el mismo en Costa Rica?