Infamia y política

Algunos políticos con cinismo ven en lo que ha sucedido una conspiración.  Yo digo: gracias infinitas al OIJ y a los jueces que autorizaron las intervenciones telefónicas de los casos Cochinilla y Diamante, y que se conozca la verdad hasta sus últimas consecuencias. Caiga quien caiga. Eso queremos los costarricenses.  Pero, cuando creíamos, después del […]

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Algunos políticos con cinismo ven en lo que ha sucedido una conspiración.  Yo digo: gracias infinitas al OIJ y a los jueces que autorizaron las intervenciones telefónicas de los casos Cochinilla y Diamante, y que se conozca la verdad hasta sus últimas consecuencias. Caiga quien caiga. Eso queremos los costarricenses. 

Pero, cuando creíamos, después del escándalo Conavi y el de los alcaldes, que la política costarricense había llegado a su fondo más detestable y censurable, se conoce que un alcalde le dice al gerente de una de esas empresas corruptoras: “yo guaro no le tengo, pero aquí le tengo una indígena”. Una frase que produce náuseas y que quedará inscrita en el libro de la infamia.

Esta frase ha revelado los niveles de bajeza humana a la que ha llegado la política en nuestro país y hacen bien 40 diputados de todos los partidos políticos en exigir la renuncia de ese alcalde. Así lo exigimos también todas y todos aquellos que creemos en la POLÍTICA con mayúscula y como un instrumento de convivencia pacífica y civilizada para luchar, en libertad y democracia, por el “bienestar del mayor número” en un Estado Social de Derecho.

Más allá de la corrupción implícita que esa frase refleja, en ella se asoma en toda su crudeza y bajeza el más censurable racismo, machismo, homofobia, pachuquismo, pérdida de valores y la negación absoluta de toda decencia en la política, a la vez que transparenta la criminal y barata realidad de las relaciones enfermas que se han incrustado, como lo normal y lo corriente, entre el Estado Costarricense y algunos empresarios tagarotes y corruptores. 

Ese es un país que no queremos y que, desde todos los bandos políticos, debemos combatir con todas nuestras fuerzas y erradicar para siempre, con el apoyo y el poder de la libertad de prensa. Solo así sobrevivirá el sistema democrático y no autoritario en el que los costarricenses queremos vivir.

No es suficiente decir que “cada palo aguante su vela”. Solo la verdad nos hace libres y lo que procede es una lucha sin fin y últimas consecuencias legales y éticas contra esta indecencia en que algunos han trasformado la política, en el partido político que sea, en el de cada uno de nosotros y por más encumbrados en la política o en el aparato partidario que estén los corruptos.

Esto debe ser una campaña patriótica de todos los costarricenses decentes contra la corrupción y la degradación de la política, como temas prioritarios y urgentes en la actual campaña electoral para la renovación de nuestras autoridades políticas en el Poder Ejecutivo y en la Asamblea Legislativa y, más allá, hasta la renovación de las autoridades municipales en el año 2024. De otra forma todos seremos cómplices y culpables de esta vergüenza nacional. 

El reclamo y el grito ciudadano es: ¡No más corrupción, bajeza ni cinismo en la política de Costa Rica! ¡Igualdad de trato legal para corruptores y corruptos!