
Costa Rica enfrenta un mercado negro de armas de fuego cada vez más sofisticado. Robos, contrabando, piezas modulares e incluso impresión 3D están facilitando el acceso del crimen organizado a armamento de alto poder, según advirtió la Carrera de Ciencias Policiales de la Universidad Estatal a Distancia (UNED).
La alerta llega en un contexto preocupante. De acuerdo con el Informe 2025 de FUNDEPAM, el país cerró la década 2014-2024 como la más violenta de su historia reciente y más del 77% de los homicidios fueron cometidos con armas de fuego.
Karen Jiménez Morales, encargada de la carrera, explicó que el mercado ilegal se alimenta de armas robadas, armas legales que terminan en manos de delincuentes, tráfico internacional y armas artesanales elaboradas con impresión 3D.
También preocupa el ingreso de armas por piezas, las cuales son enviadas por separado y ensambladas en Costa Rica, lo que dificulta su detección en aduanas.
La especialista señaló que existen vacíos en la legislación que favorecen este fenómeno. En algunos casos, cuando un portador civil pierde un arma o no denuncia su extravío, las consecuencias se limitan a una multa, sin mayores sanciones.
Otro punto de preocupación es la modificación de armas para disparar en ráfaga. Según Jiménez, muchas terminan en manos de personas sin capacitación, lo que incrementa el riesgo de víctimas colaterales en espacios públicos.
La académica advirtió que un proyectil puede representar un peligro incluso a un kilómetro de distancia, dependiendo del tipo de arma y su potencia.
Además, cuestionó la falta de límites en la compra legal de municiones, ya que esto podría facilitar el abastecimiento de estructuras criminales.
Para la UNED, el acceso cada vez más sencillo a este tipo de armamento debe ser considerado un problema de seguridad nacional y requiere una revisión de la normativa, así como una mayor coordinación entre las instituciones encargadas de combatir el tráfico ilegal de armas.