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Hoy, con 18 años, Ian O’Rourke es el decreto es una realidad que trasciende fronteras. Tras su heroica participación en el Premundial Sub-20 de Concacaf, donde no solo blindó el arco nacional, sino que asumió la responsabilidad de marcar el penal definitivo para clasificar a Costa Rica al Mundial de 2027, O’Rourke se erige como la nueva esperanza de los tres palos en el país.
El camino hacia el éxito exigió renuncias que pocos adolescentes estarían dispuestos a asumir.
Ian tuvo que abandonar la educación regular en noveno año para cumplir con los horarios de entrenamiento, completando su bachillerato de forma virtual y perdiéndose hitos sociales como su baile de graduación o paseos familiares.
“Nosotros en la casa le preguntábamos a él cuando estaba más pequeño: ‘Ian, ¿usted qué va a hacer cuando sea grande?’; y él decía: ‘Portero’. Nosotros le decíamos: ‘Pero es que usted tiene que estudiar, usted tiene que sacar una carrera’. Él respondía: ‘No, es que yo voy a ser portero. Yo no tengo otra cosa, yo voy a ser portero’. Él estaba seguro”, relató el padrastro de O’Rourke, Juan Pablo Flores.
La clasificación al Mundial de 2027 quedará marcada por el momento en que Ian tomó el balón para lanzar el penal decisivo. Aunque para muchos fue una sorpresa, su familia sabía que estaba preparado; ya en sus inicios en Guadalupe y la UCR solía cobrar penales e incluso tiros libres.
“Él se lo cree, y eso es lo más importante”, afirman sus tutores.
Costa Rica vuelve a una cita mundialista juvenil tras una década, y lo hace guiada por un joven que nunca dudó de que su lugar en el mundo estaba bajo el travesaño.
