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La escasez de texto humano de alta calidad en internet y el peligro de entrenar modelos con contenido sintético, generado por la propia inteligencia artificial, están impulsando a empresas tecnológicas a adquirir y digitalizar masivamente libros físicos antiguos.
Mediante la iniciativa conocida como “Proyecto Panamá”, la firma Anthropic estructuró una operación para comprar volúmenes impresos, cortar sus lomos y procesar sus páginas en escáneres industriales de alta velocidad para nutrir sus modelos de lenguaje.
Comerciantes de libros usados y anticuarios en Europa y otras regiones comenzaron a registrar órdenes masivas e inusuales de títulos raros, descatalogados o académicos que no habían sido digitalizados previamente.
Aunque la estrategia asegura datos no contaminados, el proceso destructivo implica enviar las páginas escaneadas al reciclaje.
Esto ha encendido alarmas entre conservadores y libreros sobre la eventual pérdida de ejemplares únicos y de “metadatos” físicos (anotaciones, encuadernaciones o marcas de propiedad) que el texto digital no logra preservar.