Hubo una vez en Costa Rica taxis rojos

 Quiero referirme, aprovechando la oportunidad que me brinda su prestigioso periódico, a la mal llamada manifestación de los taxistas convocada por dos pésimos “dirigentes del gremio”; como resultado, contrario a lograr los objetivos propuestos, tenemos a una clase trabajadora totalmente mancillada y calificada por la sociedad costarricense como un grupo de delincuentes, sin serlo. No […]

 Quiero referirme, aprovechando la oportunidad que me brinda su prestigioso periódico, a la mal llamada manifestación de los taxistas convocada por dos pésimos “dirigentes del gremio”; como resultado, contrario a lograr los objetivos propuestos, tenemos a una clase trabajadora totalmente mancillada y calificada por la sociedad costarricense como un grupo de delincuentes, sin serlo.

No resulta nuevo que el taxi para el Gobierno ha sido una piedra en el zapato y poco a poco, mediante acciones promovidas incluso por dirigentes del gremio, le han permitido ir legalizando piratas y con ello trayendo a menoscabo la actividad del taxi rojo, a quien día con día le piden más requisitos para poder operar. No le han importado a los Gobiernos la seguridad ciudadana; centrando su interés en bajar la cuota de desempleo que se le ha vuelto inmanejable y con ello violentando el deber de protección que le debe dar a los concesionarios por mediar un contrato de concesión tutelado tanto por la Constitución como por la Ley de Administración Pública. Ahora los taxistas deben enfrentar las competencias desleales de seetaxis, piratas y, para colmo de males, hacerle frente a un gigante transnacional como lo es Uber, la cual, con prácticas sutiles de mercadeo que llevan como fin el engaño momentáneo a los usuarios mediante el ofrecimiento de tarifas cómodas; lo anterior, mientras abarca la totalidad del mercado y hace desaparecer la fuerza roja. 

No es que me oponga a que los taxistas reclamen su derecho. Todo lo contrario, pues soy uno de ellos; pero sí atendiendo el marco legal imperativo en este tipo de acciones. Es claro que el Gobierno se ha negado bajo miles de pretextos a bloquear la aplicación de Uber, alegando que resulta imposible; aunque en países como Argentina, Alemania, Turquía y otros sí lo han hecho. Creo que, contrario a lanzar a los taxistas a una manifestación que tuvo resultados nefastos, lo procedente era formar una comisión de alto nivel con un dirigente de cada provincia y solicitar al Señor Presidente de la Sala Constitucional una audiencia a fin de impulsar la resolución del Recurso de Inconstitucionalidad que se tiene en estudio, a fin de obtener el marco jurídico para establecer las acciones y obtener logros de altura, y no como ha sucedido, ser los taxistas tildados como delincuentes por los hechos suscitados el pasado 10 de agosto. Desde el año pasado este servidor, a través de los distintos programas radiales de taxistas, propuso la formación de un sindicato único de choferes y concesionarios a nivel nacional, claro está, compuesto por dirigentes responsables que no estén jalando agua para sus propios molinos y sin capacidad para mover masas, como sucedió en el presente caso. Hago un llamado vehemente a los Señores Magistrados de la Sala Constitucional a fin de que se aboquen a resolver la inconstitucionalidad presentada, lo cual estoy seguro que vamos a agradecer tanto taxistas como ciudadanos, pues de esa forma se logrará evitar un enfrentamiento social de consecuencias inimaginables. Si no se actúa con responsabilidad, altura y dentro del marco jurídico, muy pronto se dirá: “Hubo una vez en Costa Rica taxis rojos”, y para ese entonces los contentos usuarios del momento tendrán que pagar las tarifas caprichosas que dicha transnacional les imponga y, por supuesto; no habrá agüita ni confites.

 

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