Hoja de ruta para un futuro sin plástico

Editorial

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No todas las noticias son malas. A veces es justo reconocer cuando como país avanzamos en el camino correcto. La reciente presentación de la Hoja de Ruta Nacional de Acción sobre los Plásticos es precisamente una de esas noticias que merece destacarse y respaldarse con entusiasmo.

El documento, que propone eliminar prácticamente toda la contaminación plástica generada en Costa Rica para el año 2040, es un ambicioso esfuerzo conjunto que une al Gobierno, al sector privado, la academia y organizaciones de la sociedad civil. Bajo el impulso del Foro Económico Mundial y la Cancillería, esta iniciativa se construyó durante un año de trabajo articulado, lo cual ya es en sí un logro en una época donde a veces cuesta que los sectores caminen en una misma dirección. Como explicó Pedro Sao Simão, especialista del Foro, no se trata únicamente de crear una ley más. Es un verdadero cambio sistémico que comprende varias legislaciones, políticas públicas y prácticas que, en conjunto, crearán las condiciones necesarias para un cambio real. Es decir, se busca pasar de los discursos a los resultados.

El documento plantea dos escenarios. En el primero, si el país continúa solo con las medidas actuales, el avance sería limitado. Pero en el segundo escenario, el que Costa Rica propone seguir, se espera que con acciones coordinadas de todos los sectores, la gestión inadecuada de residuos plásticos se reduzca a un mínimo histórico: apenas un 2%.

Este enfoque es a la vez ambicioso y realista. Ambicioso, porque la meta de eliminar virtualmente la contaminación plástica requiere cambios profundos en hábitos de consumo, en los procesos industriales, en el diseño de productos y en la infraestructura de reciclaje. Realista, porque las propuestas fueron construidas con el aporte de quienes conocen de primera mano las capacidades y limitaciones de cada sector.

“Costa Rica ya ha demostrado en otras áreas ambientales que puede ser pionera y ejemplo global. Hoy tiene la oportunidad de hacerlo nuevamente”.

Además, es muy valioso que este plan cuente desde su lanzamiento con un respaldo institucional sólido. La participación de autoridades del Ministerio de Salud, del Viceministerio de Energía y de la Cancillería demuestra que existe un compromiso transversal en el Estado para llevar esta hoja de ruta más allá del papel.

Ahora bien, como bien sabemos, en Costa Rica muchas veces tenemos buenas ideas y grandes planes, pero el reto siempre está en la ejecución. En este caso, cumplir lo que se propone es crucial, porque el tema del plástico ya no admite demoras. Nuestros ríos, nuestros mares y nuestras comunidades sufren cada día los efectos de una contaminación que daña el ambiente, la salud humana y la biodiversidad.

Por eso, este editorial no solo celebra la presentación de esta hoja de ruta, sino que hace un llamado a la acción: que los compromisos no queden en discursos; que se asignen los recursos necesarios; que se establezcan metas intermedias claras; y que se involucre a la ciudadanía en este proceso, porque sin un cambio cultural en el manejo del plástico, ningún plan será suficiente.

Costa Rica ya ha demostrado en otras áreas ambientales que puede ser pionera y ejemplo global. Hoy tiene la oportunidad de hacerlo nuevamente. Depende de todos que así sea.