“Hecha la ley, hecha la trampa”

“A nosotros como país nunca nos ha ido bien con estas liberaciones masivas. Los ticos siempre acabamos viéndola fea, porque terminamos siendo víctimas de estos sujetos que, en lugar de cambiar, han aprendido mañas nuevas en las celdas y en muchos casos peores de las que ya tenían”. En Costa Rica, o nos pasamos de […]

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“A nosotros como país nunca nos ha ido bien con estas liberaciones masivas. Los ticos siempre acabamos viéndola fea, porque terminamos siendo víctimas de estos sujetos que, en lugar de cambiar, han aprendido mañas nuevas en las celdas y en muchos casos peores de las que ya tenían”.


En Costa Rica, o nos pasamos de inocentes o nos gusta hacernos los majes, porque muchas veces no nos pellizcamos y ya cuando nos damos cuenta la cosa se ha puesto cuesta arriba.
Un ejemplo de lo anterior es la interpretación que dos abogados privados le brindan a varios artículos de la Ley de Crimen Organizado, e incluso ya a uno de ellos le dieron la razón. Por esto, lejos de procurarse beneficios a la población y propiciar que la gente que ande en presuntos negocios ilícitos pague por sus acciones, ahora resulta que más bien algunos lograrían salir de la cárcel debido al precedente.
Como dirían los abuelos, “hecha la ley, hecha la trampa”, lo que nos hace cuestionarnos cómo, si se supone que estos cambios los revisa todo mundo, hasta expertos en la materia, siempre termina habiendo errores y portillos.
Lo peor es que, cuando se dan cuenta, ya no hay mayor margen de reacción porque, por ejemplo, en este caso detectaron los yerros cuando ya estaban publicados en La Gaceta, o sea que no había mucho por hacer.
Después de haberlo discutido entre varios sectores, los magistrados tienen el sartén por el mango para decidir qué sucederá con respecto a este tema, porque ya vimos que cuando se dan estas salidas masivas los ticos de a pie pagan los platos rotos.
En este momento pasa lo siguiente: quienes llevan un año de prisión preventiva tienen ya buen tiempo de estar detenidos de manera ilegal, por lo que quedará en las manos de algunos, según su percepción, cómo aplicar la justicia en estos casos.
El problema con todo esto es que ahora estamos en riesgo de que haya una liberación masiva de sujetos acusados de delitos bastante graves y no es justo que anden ahí como Pedro por su casa, y con el riesgo de que vuelvan a delinquir.
A nosotros como país nunca nos ha ido bien con estas liberaciones masivas. Los ticos siempre acabamos viéndola fea, porque terminamos siendo víctimas de estos sujetos que, en lugar de cambiar, han aprendido mañas nuevas en las celdas y en muchos casos peores de las que ya tenían.
No decimos que los privados de libertad no puedan obtener beneficios, por el contrario, ojalá su estancia en los centros penales sea lo suficientemente edificante para reinsertarlos en la sociedad, pero la realidad muestra lo contrario.
Y eso radica en las raquíticas políticas públicas que se han generado desde hace más de 20 años en esta materia, en el abandono de los centros penitenciarios y en la relegación de sus poblaciones casi a la nada.
El cambio debe ser progresivo, aparejado no solo de beneficios para los internos, sino de políticas de contención para familias, comunidades y la sociedad en general.
No es solo dejar libres a estos señores y señoras, ¿de qué sirve desalojar las cárceles si el problema se agrava rejas afuera? No tiene sentido esa política de beneficios si antes no se implementa un plan serio de reinserción.
Este tema es de tratar con guantes de seda, pues, si bien muchos aseguran que se están violentando los derechos de quienes están en prisión, a veces pareciera que nadie vela por quienes estamos afuera.