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La Asamblea Legislativa de Costa Rica es el Primer Poder de la República. En ella el pueblo delega la potestad de legislar por medio del sufragio. Está integrada por 57 diputados, electos mediante el voto popular y de acuerdo con la proporción de la población en las provincias. Todos los 1ᵒ de mayo se elige un Directorio Legislativo, integrado por una presidencia y dos secretarías, con una vicepresidencia y dos prosecretarías, que los sustituyen en ausencias temporales.
La Asamblea Legislativa está ubicada en Cuesta de Moras. En la actualidad se rige por la Constitución Política de l949. Los diputados son los funcionarios que presiden esa institución estatal. La función principal de un diputado es la de legislar, es decir, presentar sus propuestas para reformar, crear o eliminar leyes que sean necesarias para el beneficio de todos los ciudadanos, así mismo, vigilar los recursos públicos de las dependencias de gobierno, de otra forma, dos principales funciones son: promulgar, reformar, interpretar y derogar la ley, y control político, como función propia del Parlamento, ejecutada principalmente por la oposición, como fiscales de un sector de la población.
En una democracia todo sigue un ciclo de acción, unos van y otros vienen, los que van de salida la historia será testigo, sobre los nuevos siempre habrá algún tipo de incertidumbre de qué se espera a la vuelta de la esquina, pero también hay una leve esperanza de que los tiempos mejoren.
Muchos diputados del cuatrienio 2018-2022 quedaron debiendo, claro, no se puede juzgar a todos por igual. Aquel que apenas entrando a sus funciones se queja del salario. Las ausencias irresponsables. No hay tiempo para atender las obligaciones del Congreso, pero sí para hacer protestas. Otros que llegan a hacer nada. Los que son invisibles hasta en su propia comunidad. Aquellos que gustan de figurar. Esos de la feria del combustible, bueno, esos son algunos casos. Sin embargo, no todo fue una pena, había diputados/as de mucho respeto; sobre los hombros llevaron a cuestas la bandera tricolor y el amor a sus labores.
El diputado debe servir al pueblo y no servirse del pueblo. Ya es tiempo de reformar la elección de los diputados: unos entran a hacer nada, otros llegan perdidos, aquel que solo llega a obstaculizar, aquellos que se cambian de bando deberían perder su curul, exigir la rendición de cuentas cada año, entre otras cosas. Por otra parte, se debería regular el uso de la gasolina, los viajes al exterior, que no abusen de los bienes de la Asamblea, controlar las ausencias, etc.
Los nuevos congresistas forman 6 fracciones y, si observamos los rostros, todos/as aparentan que vienen con muchas ganas de trabajar por el bien del país. Sabemos que las labores de los diputados muchas veces son extenuantes, pero también, no dedicarse a pasar el tiempo entrabando y comprometerse a sacar a flote el país, no olvidar: los diputados son la voz del pueblo.
Si la tarea consiste en legislar, me parece que no es ningún pecado una rendición de cuentas a nivel legislativo.
Los fondos públicos no están caídos del cielo, resulta necesario darles un buen uso. Pues bien, hay que tender puentes, siempre mantener un buen clima de comunicación, que el cielo los ilumine y les dé mucha sabiduría.