Hay que predicar con el ejemplo

Todos los costarricenses saben que la economía del país no está para andar tirando la plata como si sobrara, y quiénes pueden testificarlo mejor que los habitantes, pues en general muchos andan con la faja tan zocada que les cuesta hasta respirar. Las repercusiones de esta situación que atraviesa el país se van evidenciando, y […]

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Todos los costarricenses saben que la economía del país no está para andar tirando la plata como si sobrara, y quiénes pueden testificarlo mejor que los habitantes, pues en general muchos andan con la faja tan zocada que les cuesta hasta respirar.

Las repercusiones de esta situación que atraviesa el país se van evidenciando, y eso que todavía no pasa el plan fiscal. Como prueba, tenemos la cantidad de personas que ya no pueden pagar sus préstamos.

Tomemos en cuenta que ahora todo está más caro, el dinero rinde menos y el valor del dólar no ayuda a nadie. Si seguimos a este paso, las deudas se volverán impagables, pues quien asume un préstamo hace números para cancelar cierta cantidad de dinero, pero, cuando le aumentan bastante el monto, se le vuelve inmanejable. 

Y, para peores, esto de restringirse y cuidar los cincos pareciera aplicarse solo al pueblo, porque por ejemplo las autoridades de la Universidad Nacional (UNA) sí se pueden dar el lujo de hacer una inversión de $14,5 millones (¢8.671.000.000) para remodelar la Plaza de la Diversidad Cultural y efectuar la construcción de la Casa Estudiantil en la sede Omar Dengo, Heredia.

Nos preguntamos si estas obras son imprescindibles y urgentes o simplemente había que gastar ese dinero a como diera lugar. Ante este escenario, cabe cuestionarnos: si les sobra la plata, ¿para qué piden tanto a la hora de negociar el Fondo Especial para la Educación Superior (FEES)?

Si bien dicen que dicha cantidad salió de un ahorro, ¿por qué mejor no usan este dinero para no pedir más aportes del FEES?, o, si se obtuvo de todo lo que se fue guardando, ¿por qué no exponer proyectos y que todos los estudiantes decidieran qué hacer con este dineral?

También, si la elevada cifra salió de un ahorro, eso enciende las luces de alarma, pues no se estarían ejecutando los fondos por los que están peleando. En cualquier caso, debería investigarse lo que está pasando en la institución. 

No podemos dejar de pensar que, con todo este dinero, estaba al alcance abrir más espacios para jóvenes a quienes no les fue posible entrar y les urge una oportunidad para ser profesionales. 

Basta escuchar al estudiantado expresar que la casa de enseñanza tiene otras urgencias como para gastar en una plaza de la diversidad o una concha acústica, todos sabemos que fomentar la cultura es sumamente importante, pero en la vida resulta fundamental determinar prioridades.

Consideramos injusto ignorar las voces de los que hacen uso de las instalaciones y servicios de dicha universidad, y nieguen la opción a quienes podrían hacerlo, pues son los que conocen de primera mano cómo podría facilitárseles su camino de formación académica, pero las autoridades prefieren invertir en cosas bonitas, aunque poco productivas.

Aparte, genera roncha que el concurso para la obra lo ganó precisamente una empresa donde destaca el nombre del esposo de una viceministra. Siempre corresponde seguir un consejo de las abuelitas: “no hay que hacer cosas buenas que parezcan malas” y es indispensable tener el cuidado de no trabajar con personas con las cuales nos puedan cuestionar un favoritismo.

Con casos como este, los ticos tenemos toda la razón de andar con la peluca parada cuando nos piden pagar más impuestos, que nos zoquemos la faja… ¡Nos quieren aturusar con el plan fiscal, pero las cabezas de las instituciones parecen no haber entendido el mensaje, siguen gastando como si fuéramos potencia mundial y acá el dinero sobra únicamente para temas que se perciben como menos relevantes!

Ojalá cuando los diputados llamen a comparecer al rector de esta casa de enseñanza le pidan todas las explicaciones del caso, pero lo más importante es que se sienten todas las responsabilidades. No tiene el más mínimo asomo de justicia que los padres de la patria aprueben leyes para que los más pobres paguen más mientras se despilfarra dinero del pueblo a manos llenas sin razones convincentes.