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Los fines de semana los malls, los supermercados, centros de entretenimiento y los hoteles siempre están a reventar. Muchas veces nos preguntamos cómo hacen tantas personas para darse todos estos lujos, si sus salarios simplemente no lo permiten.
Es ahí cuando hay que darse cuenta que a muchas personas les pasa lo que al Estado costarricense, es decir, gastan más de lo tienen y es por eso que luego están con el agua hasta el cuello, pues no pueden solventar todo los gastos que tienen, ni tampoco pagar las deudas.
Un tema como este cobra relevancia porque cada vez son más preocupantes las estadísticas que tiene el Ministerio de Economía y Comercio (MEIC) sobre el estado de la deuda por tarjetas de crédito. Este endeudamiento ya alcanza el 3,68% del Producto Interno Bruto (PIB).
En otras palabras, los ticos deben ¢1,1 billones en tarjetas de crédito.
Así las cosas, no entendemos por qué los bancos siguen dándoles tarjetas a personas que ni tan siquiera son capaces de honrar las deudas que tienen, y a pesar de ello buscan meterse en más jaranas.
No se puede tapar el sol con un dedo y es que el incremento de la deuda es del 5,24%, pero además la morosidad de los costarricenses crece todos los días, hay un 7,57% que tienen un atraso de 90 días y están aquellos que ya sobrepasaron por mucho este tiempo, estos últimos representan un 4,89%.
El tema es que si una entidad bancaria les bloquea esa tarjeta, estos deudores, a pesar de su condición, no tienen ningún problema en pedir otra con otra entidad bancaria e inclusive con el mismo al cual le deben porque parece que los encargados de estas carteras lo único que tienen como objetivo es colocar tarjetas sin tener la garantía de contar con un pago.
Sin lugar a dudas los números hablan por sí solos, la gente está llena de tarjetas y es que desde el último informe del 2017 a la fecha se han entregado 294 mil tarjetas. Esto quiere decir que casi que les están dando tarjetas hasta personas que ni siquiera tienen un trabajo por lo cual no tienen posibilidad de pago.
Es hora de que las entidades bancarias pongan las barbas en remojo, porque si somos realistas muchas de estas deudas llegarán a ser incobrables y nos cuestionamos entonces: ¿Qué ganan colocando estas tarjetas sino van a recuperar el monto de dinero que la gente debe?
Otro dato alarmante es que en promedio por tarjeta entregada la deuda es de ¢455 mil, en otras palabras, se trata prácticamente de un salario, por lo que para poder pagarlas los deudores deberían de pasar un mes sin comer ni pagar recibos.
Hacemos un llamado vehemente para que le gente sea más cautelosa y ordenada con este producto, pues fácilmente se les puede salir de las manos, recordemos que estas tarjetas deben aprender a usarse para disfrutar de sus beneficios.
No podemos olvidar que los intereses de esas tarjetas llegan al 40% o 50% de lo que se debe, por lo que siendo realistas endeudarnos con las tarjetas no es un buen negocio para nadie.
Recordemos que no podemos gastar lo que no tenemos, esta es una premisa que deben habernos enseñado en los hogares desde que somos pequeños.
Uno no puede darse ciertos lujos que no puede pagar a menos un ahorro planificado lo haga posible.