¿Hay más ticos que ya no buscan empleo por falta de oportunidades?

Desde hace varios días se viene hablando de que la tasa de desempleo ha disminuido, pasando de 13,6% al 10,6% y muchos pensarán que esto es muy bueno, si tomamos en cuenta que significaría una rebaja de prácticamente 3 puntos porcentuales.  Sin embargo, este número podría resultar más engañoso que cuando el Partido Acción Ciudadana […]

Desde hace varios días se viene hablando de que la tasa de desempleo ha disminuido, pasando de 13,6% al 10,6% y muchos pensarán que esto es muy bueno, si tomamos en cuenta que significaría una rebaja de prácticamente 3 puntos porcentuales. 

Sin embargo, este número podría resultar más engañoso que cuando el Partido Acción Ciudadana (PAC) nos hizo creer en medio de la pandemia, con ese montón de negocios cerrados, que estaban generando opciones de empleo. Al parecer, en la actualidad pasa algo muy similar porque según el Colegio de Ciencias Económicas, con base en los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC) determinaron que no es que haya más gente con trabajo, sino que hay menos gente buscando porque no hay opciones. 

Se había hecho común ver a ciudadanos tocando puertas para pedir una oportunidad de trabajo, mandar hojas de vida a cada correo electrónico que se anuncia como bolsa laboral y ni qué decir de las filas kilométricas que se forman cuando hay ferias de empleo.

Solo falta ir a dichos eventos para darse cuenta de qué tan mal está nuestro país en ese tema, cada vez que alguien ofrece puestos surgen filas kilométricas en estos lugares y muchas veces, en su desesperación, las personas acuden independientemente de si cumplen con los requisitos o no. Es que en verdad faltan oportunidades.

El desempleo golpea fuertemente a nuestro país, cada vez más personas carecen de un puesto de trabajo, tienen dificultades para llevar el sustento al hogar y, peor aún, se lanzan a las garras de la informalidad para pagar el alquiler, la comida y los servicios básicos.

Ante todos estos escenarios no ha quedado más que montar negocios, experimentar con ideas y ver qué se hace, porque ante la falta de oportunidades no queda más que inventarse con qué generar ingresos, porque hasta donde sabemos la comida aún no cae del cielo.

Entre los datos brindados por este estudio sobre la disminución de la fuerza laboral está un dato realmente alarmante, para marzo se reportaba que 44 de cada 100 mujeres formaban parte del mercado laboral y en estudios pasados esta proporción era de 48 por cada 100. 

Esto nos lleva a hacernos la gran pregunta de qué están haciendo estas féminas para subsistir ellas y sus familias, principalmente si tomamos en cuenta que muchas de ellas son cabezas de hogar. 

Quizá la parte más triste o más preocupante es que muchas de estas féminas ocupan sí o sí una entrada económica para ver por sus hijos y cubrir sus necesidades.

Y si bien se puede decir que el desempleo en la población femenina ha disminuido, tampoco se trata de una garantía de que les dieron más trabajo a esas féminas, sino que puede ser que muchas de ellas, cansadas de buscar oportunidades y no encontrarlas, tomaron la decisión de emprender o tener un trabajo informal, por lo menos para generar alguna entrada de dinero.

Bien lo decían los abuelos: muchas veces es mejor pájaro en mano que 100 volando, entonces ante la desesperación muchos piensan que es mejor agarrar algo, aunque sea sin las garantías de ley o en muchos casos hasta sin el salario de ley, para que por lo menos les ingrese lo mínimo para pagar alquiler, pasajes y lo más básico en los alimentos, como arroz y frijoles.

El desempleo tiene a los ticos agarrados del gañote, hay menos consumo, muchas familias no tienen ni para hacer las tres comidas al día ni menos para enviar a sus hijos a la escuela. La falta de oportunidades es la piedra en el zapato que este país debe quitarse cuanto antes.

Estos datos llevan a un escenario que este país no merece, pero es una realidad: la falta de oportunidades laborales arroja a un significativo porcentaje de la población a buscar opciones en la ilegalidad.

No se trata de criminalizar a la pobreza, pero el fenómeno se torna cada vez más real, las clases sociales más desposeídas destacan como las más codiciadas por los grupos criminales, que les ofrecen cielo y tierra.

Un bocado cuesta dinero. En el hogar de una madre sola, con hijos, sin nada de comida ni agua, las ofertas abundan a costos sociales impensables. Costa Rica no escapa a esta realidad. La falta de empleos formales, bien remunerados y dignos, hacen a los jóvenes presa fácil del crimen organizado.