
Los Seattle Seahawks se proclamaron campeones del Super Bowl tras imponerse con autoridad 29-13 a los New England Patriots en una noche marcada más por la solidez defensiva que por el brillo ofensivo. Aunque el marcador no reflejó un festival de puntos, sí dejó claro el dominio absoluto de los Halcones Marinos, especialmente en el costado defensivo, donde firmaron una actuación digna de los libros de historia.
La defensa de Seattle fue la gran protagonista del encuentro al capturar en siete ocasiones al mariscal de campo de los Patriots, Drake Maye, igualando así el récord de más capturas en la historia de los Super Bowls.
Desde el primer cuarto, la presión constante desarticuló por completo el plan ofensivo de New England, que nunca logró establecer el juego terrestre ni darle protección a su quarterback.
Maye vivió una noche complicada, constantemente acosado por la línea defensiva rival y sin tiempo para desarrollar sus jugadas. La ofensiva de los Patriots fue incapaz de cruzar el medio campo con regularidad y jamás logró hacerse presente en el marcador, sellando una de las derrotas más duras en la historia reciente de la franquicia.
Seattle, por su parte, supo capitalizar los errores y manejar el partido con inteligencia, apoyándose en su defensa y en una ofensiva eficiente que sumó los puntos necesarios para asegurar la victoria sin sobresaltos. Con este triunfo, los Seahawks alcanzan su segundo trofeo de Super Bowl, un logro aún más significativo al conseguirlo en el estadio de sus máximos rivales históricos, los San Francisco 49ers.
Una noche inolvidable para Seattle, donde la defensa volvió a ser sinónimo de campeonato y los Halcones Marinos reafirmaron su lugar entre las grandes franquicias de la NFL.