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En los últimos días he oído a algunos connotados “economistas” refiriéndose a la deuda y realmente me sorprenden. Comentarios como que aprobar la emisión en el mercado internacional es más endeudamiento o que el mercado local es menos riesgoso que el mercado internacional.
Sin embargo, lo más preocupante es que estos “economistas” tienen el valor de hacer pseudo-recomendaciones de política fiscal cuando no tienen idea de lo que es un presupuesto, cómo se financia o lo que implica una subejecución presupuestaria.
Empecemos por el último punto. La gente cree que cuando los diputados aprueban el presupuesto, el ministro de Hacienda sale con vagonetas de dinero de la Asamblea Legislativa. El presupuesto es una autorización máxima de gasto que tiene una serie de rubros determinados por la Constitución Política, leyes y objetivos de política pública del poder ejecutivo. Una vez que se han calculado todos los gastos, el siguiente paso es ver cómo financiarlos, tomando en cuenta todos los ingresos (tributarios y no tributarios) y, si no alcanza, con deuda.
En el último presupuesto presentado a la Asamblea Legislativa, solo el 62% está financiado con ingresos (si se logran recoger todos los impuestos proyectados). Es decir, de cada ¢100 de gasto solo tenemos ¢62 para cubrirlos. O sea, hay que recurrir a endeudamiento para equilibrarlo.
Cada año que haya un déficit financiero, la deuda crecerá. En otras palabras, la deuda aumenta mientras tengamos más gastos que ingresos en el presupuesto nacional.
Por eso, están totalmente equivocados quienes piensan que “sobran” recursos al final del ejercicio presupuestario, si no se utilizó todo el dinero autorizado. Una subejecución presupuestaria implica que no tuvimos que endeudarnos.
Esto tiene que quedarle muy claro a un candidato presidencial de un partido cuyos gobiernos nos endeudaron en más ¢6.520.234 millones durante los ocho años que estuvieron en el poder. No engañe a la gente: crear un “Fondo Soberano Con Subejecución” a partir de más deuda, además de ser una irresponsabilidad fiscal, es una posición populista, marcada por su ignorancia en el manejo de la hacienda pública.
Como resultado de lo anterior, crece más nuestra deuda y aquí viene lo bonito. El presupuesto establece esa autorización, pero únicamente permite endeudarse en el mercado local. Esto porque la Constitución Política, en su rigidez, no pudo prever que, en el futuro, el endeudamiento sería de tal magnitud que supera por mucho la capacidad del mercado local y, por lo tanto, exige tasas de interés bastante más altas que los mercados internacionales, porque conoce las necesidades de financiamiento del gobierno y sabe que no se permite colocar bonos en los mercados internacionales.
Y aquí, le hablo a esos “economistas”: deuda local o deuda internacional, es deuda al fin. Creer que no ir al mercado internacional evitará que el gobierno se endeude, dice mucho de su poco conocimiento hacendario. ¿De verdad queremos darle las riendas del país a personas con estas ideas?
Hablemos de deuda en serio, por favor.