Guías sexuales para el amor y la tolerancia, no para promover una ideología

El país se debate sobre unas guías sexuales que amenazan con dividir más a los costarricenses. Unas guías que van más allá de la enseñanza legítima de la sexualidad, la tolerancia y el amor, para adentrarse en la indebida promoción de una ideología. Unas guías construidas sin escuchar a los padres de familia, en cada […]

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El país se debate sobre unas guías sexuales que amenazan con dividir más a los costarricenses. Unas guías que van más allá de la enseñanza legítima de la sexualidad, la tolerancia y el amor, para adentrarse en la indebida promoción de una ideología. Unas guías construidas sin escuchar a los padres de familia, en cada centro educativo, sobre la educación que esperan para sus hijos, violando claras disposiciones de instrumentos internacionales de derechos humanos.

Unas guías que pretenden imponerse por decreto y enseñar desde una única perspectiva. Unas guías que más que educar y darles herramientas a los muchachos y muchachas para que escojan su camino libremente, pretenden modificar la ruta que les enseñaron sus padres y sus tradiciones. Unas guías que pretenden imponerse sin discutirse.

Unas guías que olvidaron los derechos humanos a la educación y a la libertad religiosa y moral; derechos que incluyen “la libertad de los padres… de hacer que sus hijos o pupilos reciban la educación religiosa o moral que esté de acuerdo con sus propias convicciones” (artículo 13, inciso 2.3 del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales, y en el mismo sentido, los artículos 12, inciso 4, de la Convención Americana sobre Derechos Humanos, y el 18, inciso 4 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos). Pocas veces, se reitera un mismo concepto en tantos documentos.

Por eso, no estamos de acuerdo con la aplicación del 100% de las citadas Guías Sexuales a tan corta edad. Porque algunas de sus partes pretenden imponerse sin respetar la libertad de los padres de decidir sobre la educación religiosa o moral de sus hijos, de acuerdo con sus propias convicciones. Convicciones que, por supuesto, deben respetar los derechos de los niños y niñas a aprender y a que se respeten su dignidad y a sus derechos como tales (ver Convención sobre los Derechos del Niño), pero que sí incluyen la elección de la educación que no contradiga esos derechos.

¿Qué debe hacerse entonces? 1) Suspender la aplicación de los aspectos controvertidos, y que promueven una ideología, mientras no se establezca un diálogo con los padres de familia sobre esas guías y sus alternativas. 2) Convocar y conocer los criterios de los padres de familia en todos los centros educativos y permitirles decidir sobre la educación sexual que prefieren para sus hijos (ojalá con alternativas para que puedan escoger de verdad). 3) Continuar con los aspectos no controvertidos (y no ideológicos) de la educación sexual para los menores de edad, sin introducir criterios discutibles que destruyan su condición natural. 4) Avanzar y priorizar una educación de valores donde se enseñe a respetar la condición de los menores, y se promueva la tolerancia y la no discriminación por razones de sexo, de raza, de religión, de origen social, cultural, étnico o nacional, o por sus limitaciones y capacidades, o por sus tendencias y preferencias sexuales.

No está bien que las dificultades de los niños y de las niñas, en el camino de entender su sexualidad, se pretendan atender por unas guías que unos adultos quieren impulsar como una oportunidad para imponer sus propios valores, por encima de las familias de los estudiantes. Antes de modificar valores de los menores, deberíamos entenderlos mejor, y tener fundamentos razonables para educarlos en una dirección compatible con los valores de sus padres. 

Debemos educar a nuestros niños en el respeto a su condición de hombres y mujeres, no en promover cambios de valores ni en generar dudas sobre su sexualidad a tan corta edad. Cuando esos menores lleguen a la edad para discernir legalmente sobre sus propias condiciones e identidades de género, lo que corresponde es respetarlos y dejar que sean ellos los que escojan su camino y construyan sus vidas de acuerdo con sus voluntades.

Si lo que queremos es ayudarles a entender su sexualidad, a evitar embarazos adolescentes y a ser respetados como seres humanos, lo que corresponde es apoyar “la educación sexual en los Colegios, pero precedida y acompañada de una educación para el amor y el respeto a la dignidad de las personas…”. 

Si lo que queremos es tener unos menores seguros de sí mismos, libres de menosprecio por sus condiciones, lo que debemos es enseñar y enfatizar la tolerancia, el amor, la prohibición del hostigamiento (bullying) y la no discriminación.

Guías para una verdadera afectividad y efectiva educación sexual, sí. Intentos de modificar los valores de las familias y promover una ideología de género, no.

 

*Candidato presidencial, Partido Unidad

 

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