Groenlandia, el nuevo objetivo de Trump: ¿Qué quiere EEUU y cómo podría conseguirlo?

“Necesitamos Groenlandia… es tan estratégica en este momento”

La vasta riqueza mineral sin explotar de Groenlandia volvió a colocar a la isla en el centro del tablero geopolítico mundial.

Según reportes de CNN y la BBC, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ve al territorio ártico como una pieza clave para reducir la dependencia de China en los metales de tierras raras, esenciales para la industria militar, tecnológica y energética.

“Necesitamos Groenlandia… es tan estratégica en este momento”, afirmó Trump recientemente.

Foto: AFP.

En declaraciones aún más directas, aseguró que Estados Unidos “va a hacer algo con Groenlandia, les guste o no”, dejando claro que su interés va más allá de la retórica diplomática.

¿Qué quiere Estados Unidos?

El objetivo central es el acceso a minerales críticos, como los metales de tierras raras, fundamentales para fabricar aviones de combate, láseres, vehículos eléctricos y equipos médicos avanzados.

Para la administración Trump, controlar o influir sobre Groenlandia permitiría aflojar el dominio chino en este sector estratégico.

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A diferencia de Venezuela, donde EEUU intervino directamente en el control de recursos, Groenlandia es un territorio autónomo de Dinamarca, aliado de la OTAN, con estabilidad política y apertura a la inversión extranjera.

Sin embargo, los expertos coinciden en que el verdadero obstáculo no es la soberanía, sino el entorno extremo del Ártico.

Un tesoro bajo el hielo… casi imposible de explotar

Extraer minerales en Groenlandia es una tarea titánica. Cerca del 80 % del territorio está cubierto de hielo, muchos yacimientos se encuentran por encima del Círculo Polar Ártico y los costos de operación pueden ser entre 5 y 10 veces más altos que en otras regiones del mundo.

“Convertir a Groenlandia en la fábrica estadounidense de tierras raras es ciencia ficción. Es completamente descabellado (…) Es casi como extraer minerales en la Luna. En algunos aspectos, es peor que la Luna”, dijo Malte Humpert, fundador e investigador principal de The Arctic Institute a CNN.

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A esto se suman la falta de infraestructura, mano de obra especializada y estrictas regulaciones ambientales, respaldadas por una población que busca preservar su entorno natural.

¿Cómo podría intentarlo Trump?

Los análisis, realizados por la BBC, plantean varios escenarios:

  • Compra del territorio: opción preferida por el gobierno estadounidense, según filtraciones, pero altamente improbable. Requeriría la aprobación del Congreso de EEUU, de la Unión Europea y, crucialmente, de la propia Groenlandia, donde solo un 6 % de la población apoya unirse a Estados Unidos.
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  • Campaña de influencia política y económica: expertos consideran este el camino más viable. Incentivos financieros, inversión y apoyo indirecto a movimientos independentistas podrían acercar a Groenlandia a Washington sin recurrir a la fuerza.
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  • Operación militar: aunque analistas coinciden en que Estados Unidos tendría la capacidad de tomar la isla con rapidez, sería un escenario extremo, ilegal bajo el derecho internacional y devastador para la OTAN. La mayoría lo ve como poco probable, aunque la retórica de Trump mantiene la opción sobre la mesa.

El riesgo de pasar de aliado a abusivo

Funcionarios y empresarios groenlandeses advierten que el tono agresivo de Trump podría ser contraproducente.

“No veo la necesidad de tomar el control de Groenlandia. Estamos abiertos a invertir y a trabajar con los estadounidenses”, señaló Christian Keldsen, de la Asociación Empresarial de Groenlandia, a CNN.

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Expertos alertan que insistir en “tomar el control” podría convertir a EEUU de socio estratégico en un actor hostil, generando resistencia local y fortaleciendo los lazos de Groenlandia con Europa.

Por ahora, el interés estadounidense choca con una realidad clara: Groenlandia no está en venta, su población no quiere ser parte de EEUU y el supuesto “tesoro” bajo el hielo es mucho más difícil de alcanzar de lo que parece.

Sin embargo, mientras la competencia global por recursos estratégicos se intensifica, la isla ártica seguirá siendo una tentación geopolítica para Washington.